El camino del cristiano

Cuando la vida espiritual se apaga sin que lo notemos

La piedad personal puede debilitarse de manera tan silenciosa que casi no se percibe. MacDuff nos llama a examinar el corazón con honestidad y a clamar a Dios para reavivar lo que está a punto de morir.

Hay grandes razones para temer que la piedad personal de muchos se encuentre en un estado muy débil y languideciente. Ha perdido gran parte de su arraigo en el corazón y en la conciencia como una realidad que eleva, purifica y sacia. ¡Cuán pocos son los que saben lo que es deleitarse en Dios, regocijarse en el amor moriente de Cristo y exultar ante la perspectiva clara y sin nubes del cielo! ¡Cuán poco hay de espiritualidad de mente, de mortificación del pecado, de vigilancia habitual y de oración que lucha! Puede que no haya inmoralidad grosera ni escandalosa; pero, a falta de lo que se consideraría públicamente vergonzoso en quienes profesan la religión, hay, en no pocos casos, un declive manifiesto en la piedad vital y experimental.

Hay algo sumamente insidioso propio de un estado de declive espiritual; y por ello es común que quienes están bajo su influencia sean, en gran medida, inconscientes del hecho. Se dice de Efraín: «Extraños han devorado su fuerza, y él no lo supo; y aun las canas están esparcidas sobre él, y él no lo supo» (Oseas 7:10). Así es, ¡ay!, con muchos profesantes en nuestros días. En lugar de que su alma se halle en un estado vigoroso y floreciente, ha habido un declive lamentable, y sin embargo él no lo sabe. Otros lo saben; no pueden dejar de notar qué hombre tan cambiado es ahora en comparación con lo que era hace unos años. Perciben con claridad que el mundo ha ido ganando ascendiente sobre él; que la conversación y la compañía del pueblo de Dios ya le resultan poco gratas; y que es mucho menos diligente en sus deberes piadosos que antes. Pero mientras esto es tan palpable para los demás, es, si no del todo, sí en gran medida, desconocido para él mismo.

Esto puede explicarse por el hecho de que el declive suele sobrevenir de manera gradual. Si la persona hubiera pasado de golpe a tal estado, la transición habría sido tan grande que no podría haber dejado de percibirla. Pero se deslizó sobre él imperceptiblemente, y así no lo supo.

Otra causa de esta ignorancia es el descuido del autoexamen. Son muy pocos los que escrutan rigurosamente su propio corazón, y por tanto no es de extrañar que su piedad decline sin que ellos lo sepan. Con muchos ocurre en lo espiritual lo mismo que con algunos en sus asuntos temporales: dan por sentado que todo marcha bien. Muchos comerciantes, de haber revisado sus libros a tiempo, habrían sido preservados de la quiebra; y muchas quiebras espirituales podrían haberse evitado si los secretos del hombre interior hubieran sido escudriñados a fondo, con la firme determinación de saber cómo estaban realmente las cosas.

Lector, procura conocerte a ti mismo, pues allí converge toda sabiduría. Sé honesto contigo mismo y no permitas que las apariencias plausibles te engañen. Sé celoso de ti mismo continuamente, y con celo santo. Los frutos de la confianza en uno mismo han sido verdaderamente desastrosos, mientras que un temor conveniente ante el autoengaño ha producido los resultados más felices. Con el salmista real, entonces, sea tu oración diaria: «Examíname, oh Dios, y conoce mi corazón; pruébame y conoce mis pensamientos. Ve si hay en mí camino de perversidad, y guíame en el camino eterno» (Salmo 139:23-24).

Fuente y atribución

Autor original: John MacDuff

Título original: Spiritual Declension

Fuente original: Grace Gems

Traducido y adaptado al español por Cristo Es Todo a partir de un escrito de John MacDuff, publicado originalmente en Grace Gems.

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