El camino del cristiano

El auxilio siempre presente en medio de la angustia

Dios ha prometido no desamparar jamás a los suyos, y se manifiesta con especial cercanía en las temporadas de aflicción, como lo muestran Pablo ante Nero y David en su destierro.

Aunque Dios ha prometido no desamparar jamás a su pueblo, se ha manifestado a él de manera especial en las temporadas de angustia. El sagrado volumen está lleno de ejemplos que confirman esta alentadora verdad. Tomemos el caso de Pablo, cuando fue llamado a comparecer ante Nerón. Aquel emperador, como es bien sabido, era un monstruo cruel y sanguinario, y su palacio era mirado por el pueblo como se miraría la guarida de un leopardo. Ante él, sin embargo, se ordenó al apóstol presentarse, y tenía que presentarse solo. Debía de tener muchos amigos en la ciudad imperial; pero, si "un amigo en la necesidad es un amigo verdadero", su amistad, al ser puesta a prueba, se reveló lastimosamente deficiente. Probablemente se reunían a su alrededor cuando no había peligro especial que temer; pero ahora juzgaron prudente no identificarse públicamente con él ni con su causa.

Eran, por desgracia, amigos del linaje de las golondrinas, que se retiran en invierno y regresan en primavera, una raza que aún no se ha extinguido en absoluto. Pertenecían a esa clase cuyo emblema apropiado es la sombra en el reloj de sol. Cuando el cielo está despejado, la sombra está allí; pero en el día nublado y oscuro desaparece. Pero, si ellos resultaron infieles, hubo Uno que se mantuvo fiel. No abandonó a su siervo en la hora de la prueba; y gozando de su presencia, ni el lobo rapaz en el trono ni los sabuesos sedientos de sangre a su alrededor hicieron al apóstol vacilar ni temer por un solo instante. "En mi primera defensa ninguno estuvo a mi lado, sino que todos me desampararon; no les sea tomado en cuenta. Pero el Señor estuvo a mi lado, y me fortaleció, de manera que por mí fuese cumplida la predicación, y que todos los gentiles oyesen; y fui librado de la boca del león. Y el Señor me librará de toda obra mala, y me preservará para su reino celestial."

También en la experiencia de los santos del Antiguo Testamento tenemos innumerables ejemplos de naturaleza igualmente conmovedora. De entre ellos podemos escoger el caso de David con ocasión de la innatural rebelión de Absalón. Fue para él, entonces, en todo respecto, una temporada sumamente difícil. Su propio hijo se había levantado contra él; su principal consejero lo traicionó; el corazón de miles de su pueblo fue seducido y apartado de él. Véanlo, no como cuando, en el vigor y la frescura de sus días jóvenes, enfrentó al león y al oso; ni como cuando se mantuvo impávido, aunque solo y sin compañía, ante el filisteo incircunciso que había desafiado a los ejércitos del Dios vivo: sino mírenlo ya viejo y encanecido, el fuego de su juventud amortiguado por las flaquezas de los años avanzados. En tales circunstancias, tras ser arrojado de su propio palacio, contémplenlo ascendiendo las cuestas del Olivete, con la cabeza descubierta y los pies descalzos, llorando amargamente mientras avanza. Allí está: un desterrado en su propio reino, vagando de lugar en lugar en peligro inminente de su vida. Pero, aunque atribulado por todos lados y profundamente perplejo, no estaba en desesperación. Sus enemigos hablaban contra él, diciendo: "Dios lo ha desamparado; persíganlo y tómenlo, porque no hay quien lo libre." Pero no era así; tenía a un ayudador todopoderoso a su lado, y por eso podía decir: "Soy objeto de asombro para muchos; pero tú eres mi refugio fuerte." En su angustia invocó el nombre del Señor, quien oyó la voz de su súplica, y así se demostró a sí mismo como un auxilio presente en el tiempo de necesidad.

Lector, haz de él tu única confianza; en todas tus aflicciones acude a él. Echa sobre él toda tu carga, sea ligera o pesada. Su nombre es una torre fuerte; el justo corre a ella y está a salvo. Y si haces del Altísimo tu habitación, y te refugias bajo la sombra de sus alas, estarás a salvo: a salvo ahora, y a salvo para siempre.

Fuente y atribución

Autor original: John MacDuff

Título original: The Present Help

Fuente original: Grace Gems

Traducido y adaptado al español por Cristo Es Todo a partir de un escrito de John MacDuff, publicado originalmente en Grace Gems.

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