Palabras diarias para los peregrinos de Sion

Cuando por fin veamos a Cristo tal como él es

La comunión entre Cristo y su Iglesia no se conocerá plenamente ni siquiera en la eternidad, pues su amor infinito sobrepasa todo conocimiento; con todo, lo poco que ahora conocemos es el único bálsamo y fundamento de paz.

Lo que Cristo es para la Iglesia, y lo que la Iglesia es para Cristo, jamás podrá conocerse verdaderamente hasta que el tiempo ceda paso a la eternidad, la fe a la vista, y la esperanza al gozo. Y aun entonces, por más que se ensanchen los poderes y facultades de las almas y cuerpos glorificados de los santos, por más conformados que estén a la gloriosa imagen de Cristo y arrebatados por las manifestaciones de su gloria en un día sin nubes, ni siquiera entonces el amor más amplio de la criatura ni el intelecto más refinado podrán abrazar del todo ni comprender plenamente aquel amor de Cristo que, lo mismo en el tiempo que en la eternidad, sobrepasa todo conocimiento, porque en sí mismo es esencialmente incomprensible, por ser infinito y divino.

¿Quién puede calcular la cantidad de luz y calor que encierra y irradia el sol que resplandece en el cielo del mediodía? Vemos, sentimos y disfrutamos sus rayos luminosos; pero ¿quién puede contar los millones de rayos que derrama sobre toda la faz de la tierra, repartiendo luz, calor y fecundidad a cada rincón? Si la criatura es tan grande, gloriosa e incomprensible, ¡cuánto más grande, gloriosa e incomprensible ha de ser su divino Creador!

El testimonio de la Escritura acerca de los santos en gloria es que, cuando Cristo se manifieste, serán semejantes a él, porque le verán tal como él es; que verán al Señor cara a cara y conocerán como son conocidos; que su cuerpo vil será transformado conforme a su cuerpo glorioso; que serán conformados a su imagen y quedarán satisfechos al despertar con su semejanza. Pero con toda esta inefable dicha y gloria, en la Deidad infinita habrá abismos insondables que ninguna criatura, por muy exaltada que sea, podrá jamás sondear. Dios se hizo hombre, pero el hombre nunca podrá ser Dios. Él nos conoce plenamente, pero nosotros jamás le conoceremos plenamente; y sin embargo, ese poco que podemos conocer en esta vida temporal es el único bálsamo para toda tristeza y el único fundamento de un descanso y una paz sólidos.

Fuente y atribución

Autor original: J. C. Philpot

Título original: April 22

Fuente original: Grace Gems

Traducido y adaptado al español por Cristo Es Todo a partir de un escrito de J. C. Philpot, publicado originalmente en Grace Gems.

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