Palabras diarias para los peregrinos de Sion

El amigo que nace para la angustia

Nuestras necesidades y tristezas nos envían al trono de gracia en busca de un amigo verdadero; y ese amigo ha de ser divino y omnipotente, el Amigo de los pecadores que nunca nos abandona.

No necesitamos, si puedo expresarme así, un Jesús muerto, sino un Jesús vivo; no ausente, sino presente; no de una vez, sino de ahora. Necesitamos un amigo a la diestra de Dios en este mismo momento, un Mediador entre Dios y nosotros que sea omnisciente, omnipresente y omnipotente, y con todo entrañable y compasivo; un Sumo Sacerdote intercesor, Fiador y Representante en nuestra naturaleza ante los atrios del cielo, capaz de mostrarnos misericordia y compasión ahora mismo sobre la tierra.

Nuestras necesidades nos hacen sentirlo. Nuestros pecados y tristezas nos envían continuos recados al trono. Este valle de lágrimas está siempre ante nuestros ojos, y en él brotan sin cesar espinas y abrojos que desgarran nuestra carne. Necesitamos un amigo verdadero. ¿No te has revolcado alguna vez en tu lecho cansado, casi gritando: «¡Oh, si tuviera un amigo!»? Puede que hayas recibido crueles golpes de quien creías amigo verdadero, y fuiste cruelmente engañado. Sientes ya que no tienes a nadie que cuide de ti ni te ame, ni a quien puedas amar; y tu corazón suspira por un amigo que lo sea de verdad. Pero si la gracia ha tocado tu corazón, sientes que, aunque todos te abandonen, está el Amigo de los pecadores, un Hermano nacido para la angustia, un Amigo que ama en todo tiempo y que nunca te dejará ni te desamparará.

Pero necesitamos que este amigo sea todopoderoso, porque ningún otro conviene a nuestro caso: ha de ser un amigo divino. Pues ¿quién sino Dios puede vernos dondequiera que estemos? ¿Qué ojo sino el divino puede leer nuestros pensamientos? ¿Qué mano sino la divina puede extenderse para librarnos? Así, la deidad de Cristo no es una especulación árida y estéril, ni una mera verdad bíblica, sino una experiencia grabada con poder en lo más íntimo del alma del creyente. Feliz alma, feliz temporada, cuando puedes decir con la Iglesia: «Este es mi amado, y este es mi amigo, oh hijas de Jerusalén».

Fuente y atribución

Autor original: J. C. Philpot

Título original: April 23

Fuente original: Grace Gems

Traducido y adaptado al español por Cristo Es Todo a partir de un escrito de J. C. Philpot, publicado originalmente en Grace Gems.

Comparte esta lectura