Palabras diarias para los peregrinos de Sion

Del calvario al trono de la intercesión

El Espíritu conduce al pecador desde la cruz hasta el sepulcro, la resurrección y la ascensión, mostrando a Cristo intercediendo a la diestra del Padre como dulce y poderosa esperanza del alma.

A medida que el alma es guiada y enseñada por el Espíritu, sigue al Señor por todos los diversos actos y sufrimientos de su vida. El primer lugar al que el Espíritu Santo conduce al pobre pecador es la cruz de Jesús. Esa es la primera visión verdaderamente salvadora que tenemos del Señor de vida y gloria: el Espíritu Santo lleva al pobre culpable, cargado con el peso de mil pecados, al pie de la cruz, y le abre los ojos para ver al Hijo de Dios sangrando allí como sacrificio expiatorio por el pecado. Ser llevado allí por el poder del Espíritu Santo, y recibir en el corazón y la conciencia aquel bendito misterio del Hijo de Dios que sangra, sufre y agoniza, es el primer descubrimiento bendito que Dios el Espíritu nos concede.

Pero pasamos de allí a ver a Jesús durmiendo en el sepulcro; pues nosotros también hemos de morir, y necesitamos ver al Precursor que entró en la tumba por nosotros. Necesitamos sentir que podemos acostarnos en la sepultura, y ver aquella cama estrecha en que un día será extendido nuestro cuerpo, en cierta medida perfumada porque Jesús reposó allí antes que nosotros. Y cuando hemos viajado desde la cruz al sepulcro, damos un paso más: a la resurrección del Señor de vida y gloria. Al tercer día le contemplamos por la fe saliendo del sepulcro en que yacía enterrado, levantándose en gloria y poder para nuestra justificación. Y así vemos en la resurrección del Señor Jesús la esperanza del alma para una inmortalidad bendita.

Pero no nos detenemos allí; conforme el Señor el Espíritu nos da ojos para ver y mueve nuestro corazón a sentir, viajamos un paso más, esto es, a la ascensión del Señor de vida y gloria; sin detenernos en la tierra, sino subiendo para verle sentado a la diestra del Padre, como Mediador entre Dios y los hombres, como el divino Intercesor, como la gloriosa Cabeza de gracia, comunicando de su propia plenitud dones y gracias a las almas pobres y necesitadas, que viven en quiebra diaria y horaria. Así, la ascensión del Señor Jesús a lo alto y su sentarse a la diestra de Dios, cuando se recibe en la conciencia bajo el poder del Espíritu, no es una doctrina árida, ni un hueso muerto de un esqueleto marchito, sino una verdad llena de dulzura y poder bendito para el alma enseñada por el cielo.

Fuente y atribución

Autor original: J. C. Philpot

Título original: June 1

Fuente original: Grace Gems

Traducido y adaptado al español por Cristo Es Todo a partir de un escrito de J. C. Philpot, publicado originalmente en Grace Gems.

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