Estas palabras entrañan un velamiento de gran parte del proceder del Señor con su pueblo. En cuanto a nuestro Padre celestial, no puede haber nada misterioso ni inescrutable para Él. Él mismo es un misterio profundo y sublime, pero para su mente infinita no hay tinieblas ni misterio alguno. Todo su plan —si plan puede llamarse— está ante Él. Nuestra manera de hablar del proceder divino implicaría a veces lo contrario. Hablamos de la presciencia de Dios, de su previsión, de su conocimiento de eventos aún no nacidos; pero en verdad no hay tal cosa. Con Dios no hay tiempos verbales: ni pasado, ni presente, ni futuro. La idea de la eternidad de Dios, si se comprendiera a la perfección, aniquilaría en nuestra mente toda humanización del Ser divino. Él es un ETERNO AHORA. Todos los eventos, hasta el periodo más remoto del tiempo, fueron tan vivos y presentes a la mente divina desde la eternidad como cuando asumieron una existencia real y una forma palpable.
Pero todo el misterio está con nosotros, pobres criaturas finitas de un día. ¿Y por qué, incluso para nosotros, parte de la conducta divina resulta un misterio? No porque lo sea en sí misma, sino principalmente porque no podemos ver el conjunto como Dios lo ve. Si pasara ante nuestros ojos, como desde la eternidad ha pasado ante los suyos, como un todo perfecto y completo, entonces dejaríamos de maravillarnos, de murmurar y de quejarnos. La sabiduría, la pureza y la bondad infinitas que dieron origen, carácter y color a todo lo que Dios hace, aparecerían tan luminosas a nuestra vista como a la suya, y la adoración y la alabanza incesantes serían el tributo agradecido de nuestros corazones. Humillémonos, pues, bajo la mano misteriosa del Señor. «A los humildes guiará en juicio, y a los humildes enseñará su camino. Todas las sendas de Jehová son misericordia y verdad para los que guardan su pacto y sus testimonios.» Jesús, el humilde, nos postra en el polvo a sus pies para guardarnos de la altivez de nuestro entendimiento y del orgullo de nuestro corazón. ¡Santa postura! ¡Lugar bendito! Allí, Señor, querría yacer, dejando caer mis lágrimas de penitencia y de amor sobre esos pies amados que nunca me han desviado, sino que siempre han ido delante, guiándome por el camino mejor, hasta una ciudad de descanso. Espera, pues, creyente sufriente, la gloria venidera, rindiéndote a la guía de tu Salvador y sometiéndote del todo a la voluntad de tu Padre.
Fuente y atribución
Autor original: Octavius Winslow
Título original: Evening Thoughts - January 17
Fuente original: Grace Gems
Traducido y adaptado al español por Cristo Es Todo a partir de un escrito de Octavius Winslow, publicado originalmente en Grace Gems.