Pensamientos vespertinos

Examínate a ti mismo delante de Dios con honestidad

El descuido del autoexamen arruina la vida interior del cristiano. Procura siempre que Cristo habite en tu corazón por su Espíritu, como tu vida presente y tu esperanza de gloria.

¡Ay, cómo se pasa por alto este precepto! ¡Cuán pocos son los que se examinan a sí mismos con rectitud y honestidad! Pueden examinar a otros, hablar de otros, oír por otros y juzgar a otros; pero a sí mismos no se examinan, ni se juzgan, ni se condenan. A la omisión de este precepto puede atribuirse, como una de sus causas más fecundas, el declive de la vida interior del cristiano. El deterioro, y finalmente la ruina, siguen los pasos del descuido voluntario y prolongado. La viña se vuelve estéril, el jardín pierde su hermosura, la maquinaria se detiene, la empresa fracasa y la salud decae, si una vigilancia laboriosa y constante no tiene el ojo bien abierto a todo síntoma de debilidad y a toda señal de deterioro. Si el mercader no examina sus cuentas, si el labrador no revisa su campo, si el médico no examina a su paciente, ¿qué se puede prever sino confusión, ruina y muerte? ¡Cuánto más cierto es esto del alma! La falta de una búsqueda frecuente, valiente y profunda del estado real del corazón delante de Dios revela el gran secreto de muchos casos solemnes de engaño, naufragio y apostasía. Por eso el apóstol exhorta con fervor: «Examinaos a vosotros mismos»; no des por sentado el estado de tu alma, pruébate por la Palabra, y no te detengas antes de que Cristo habite en tu corazón: tu vida presente y tu esperanza de gloria.

Pero ¿cómo habita Cristo en el creyente? Respondemos: por su Espíritu. Así que es una habitación espiritual, y no personal ni corpórea, de Cristo. El testimonio de la Escritura es pleno y decisivo: «¿No sabéis que vuestro cuerpo es templo del Espíritu Santo?» «Si Cristo está en vosotros, el cuerpo está muerto a causa del pecado, mas el espíritu vive a causa de la justicia.» «Y si el Espíritu de aquel que levantó de los muertos a Cristo mora en vosotros, el que levantó a Cristo de los muertos vivificará también vuestros cuerpos mortales por su Espíritu que mora en vosotros.» Esta habitación de Cristo por el Espíritu es la fuente de toda gracia espiritual que mora en el alma del verdaderamente regenerado, fluyendo a veces en corrientes tan dulces de consuelo y santificación. Queda así claro que, por la habitación del Espíritu Santo, Cristo tiene su morada en los corazones de todos los verdaderos creyentes.

Fuente y atribución

Autor original: Octavius Winslow

Título original: Evening Thoughts - January 16

Fuente original: Grace Gems

Traducido y adaptado al español por Cristo Es Todo a partir de un escrito de Octavius Winslow, publicado originalmente en Grace Gems.

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