Pensamientos vespertinos

Dios reconciliado es tu ancla en la tempestad

Dios en Cristo es el Dios del pacto, tierno Padre que no cambia. Ver a Dios reconciliado consuela el alma y santifica la vida, encendiendo un deseo ardiente de santidad vencedora.

Dios en Cristo es el Dios del pacto de su pueblo. Él es su Dios, su Padre tierno, amante y condescendiente. Pueden ellos perder por un tiempo la vista y el goce de esta verdad, pero ello no la anula; sigue siendo la misma, inmutable, preciosa y gloriosa. Nada puede arrebatarla. En la tempestad, sea ella el ancla de tu fe; en las tinieblas, el lucero de tu esperanza. Que toda circunstancia, la prosperidad que seduce y la adversidad que abate, la tentación que asalta y el desprecio que hiere, enderezca a tu alma creyente este pensamiento: Dios reconciliado, Dios en paz, Dios Padre en Cristo es mi Dios para siempre, y Él será mi guía aun hasta la muerte.

Este pensamiento es sumamente consolador. Parece introducirnos en el mismo pabellón del corazón de Dios, donde, resguardados, podemos reposar en perfecta paz. Ninguna perfección divina puede la mente creyente contemplar en Cristo sin que sonría sobre ella. ¡Ver la santidad y la justicia, la verdad y el amor inclinando su mirada de benignidad sobre un alma temblorosa que se refugia bajo la sombra de la cruz! Todo es luz aquí: las nubes se disipan, las tinieblas huyen, la tempestad se aquieta. La justicia perdió su aguijón, la ley su terror y el pecado su poder; el corazón de Dios está abierto, el costado de Jesús sangra, el Espíritu atrae, el evangelio invita, y el cansado y cargado puede acercarse a un Dios reconciliado en Cristo.

Si ver a Dios en Cristo es una verdad que consuela, también es una verdad que santifica. ¿Por qué se ha revelado Dios en Jesús? Para manifestar el odio abismal del pecado y mostrar que solo un sacrificio tan estupendo podía quitarlo. Cada pecado es un golpe contra esta verdad. Apartados los ojos de ella, el pecado parece bagatela: se mira sin indignación, se juega con él sin temor, se comete sin vacilación. Pero cuando se ve a la justicia divina bebiendo la sangre del Hijo unigénito, y a Dios en Cristo humillado y muerto para perdonar la iniquidad, ¡cuán temible parece pecar contra este santo Señor! Cultiva una sed constante y ardiente de santidad. No te desanimes si, al intensificarse el deseo de santificación, se revela más oscura la maldad oculta del corazón. La lucha puede ser dolorosa, pero el resultado es cierto: ¡victoria, por la sangre del Cordero!

Fuente y atribución

Autor original: Octavius Winslow

Título original: Evening Thoughts - August 13

Fuente original: Grace Gems

Traducido y adaptado al español por Cristo Es Todo a partir de un escrito de Octavius Winslow, publicado originalmente en Grace Gems.

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