Sí, Señor, Tú no abdicas tu trono cuando el sol se pone. Tampoco abandonas el mundo durante estas largas noches invernales para que sea presa del mal. Tus ojos nos vigilan como las estrellas, y tus brazos nos rodean como el zodíaco ciñe el cielo. Los rocíos del sueño benéfico y todas las influencias de la luna están en tu mano, y las alarmas y las solemnidades de la noche están igualmente contigo.
Esto me resulta muy dulce cuando velo en las horas de la medianoche, o me agito de un lado a otro en la angustia. Hay frutos preciosos que la luna produce, así como el sol; ¡que mi Señor me haga partícipe favorecido de ellos!
La noche de la aflicción está tanto bajo el arreglo y el control del Señor del amor como los luminosos días de verano cuando todo es dicha. ¡Jesús está en la tempestad! Su amor envuelve la noche como un manto; pero al ojo de la fe el oscuro ropaje es apenas un disfraz. Desde el primer cuarto de la noche hasta la aurora, el eterno Vigía observa a sus santos, y rige las sombras y los rocíos de la medianoche para el mayor bien de su pueblo. No creemos en deidades rivales del bien y del mal que contendieran por el dominio, sino que oímos la voz de Jehová decir: «¡Yo formo la luz, y yo formo las tinieblas; yo, el Señor, hago todas estas cosas!»
Las épocas sombrías de indiferencia religiosa y de pecado social no están excluidas del propósito divino. Cuando los altares de la verdad son profanados, y los caminos de Dios abandonados, los siervos del Señor lloran con amargo dolor. Pero no pueden desesperar, pues las eras más oscuras están gobernadas por el Señor, y llegarán a su fin a Su mandato. Lo que a nosotros puede parecernos derrota, para Él puede ser victoria.
Fuente y atribución
Autor original: Charles Spurgeon
Título original: December 23 — Evening
Fuente original: Grace Gems
Traducido y adaptado al español por Cristo Es Todo a partir de un escrito de Charles Spurgeon, publicado originalmente en Grace Gems.