Dios nunca está falto de un modo de proveer para sus hijos. Los arroyos de agua, las aves del cielo, las bestias del campo, los vientos y las olas del mar le pertenecen y están bajo su directo control. Por eso no tiene dificultad alguna en hacer llegar el alimento a los suyos, estén donde estén.
Quizá ninguno de nosotros haya recibido jamás el pan diario de picos de cuervos, pero Dios lo envía por otros conductos; y es igualmente Él quien lo envía, ya sean trenes que lo transportan a través de un continente, barcos que lo traen desde el otro extremo del mundo, aves que lo acercan a nuestra ventana, o manos de amigos que nos lo entregan con amor.
Muchos de nosotros sabemos demasiado para nuestro propio bien en estos días modernos. Somos tan doctos acerca de las «leyes de la naturaleza» que todo lo explicamos con fundamentos científicos y ya no necesitamos la intervención de Dios en ningún lugar. Y así, sin darnos cuenta, olvidamos que Él tenga algo que ver con este mundo. ¡Qué necios somos! ¿Qué son las leyes de la naturaleza sino los caminos establecidos y ordinarios de Dios para hacer las cosas? Si siembro trigo en un pequeño pedazo de tierra y al cabo de unos meses cosecho, llevo el trigo al molino, obtengo harina fina y pongo buen pan en mi mesa, ¿no tuvo Dios nada que ver en enviármelo? ¿No lo proveyó tan realmente como cuando mandó los cuervos a Elías día tras día con su sustento?
Fuente y atribución
Autor original: J. R. Miller
Título original: Miller's Year Book - July 19
Fuente original: Grace Gems
Traducido y adaptado al español por Cristo Es Todo a partir de un escrito de J. R. Miller, publicado originalmente en Grace Gems.