¿Contienen las Escrituras una promesa más alentadora que esta? «Donde están dos o tres congregados en mi nombre, allí estoy en medio de ellos».
Hay promesas dirigidas en particular a los apóstoles. A ellos dijo Cristo: «Todo lo que atéis en la tierra, será atado en el cielo; y todo lo que desatéis en la tierra, será desatado en el cielo». Esa promesa se ha cumplido; las palabras de los apóstoles tienen la misma autoridad que las de Cristo mismo. Sus escritos forman parte de las Sagradas Escrituras. Pero ¿habló Cristo solo a los apóstoles cuando dijo: «Si dos de vosotros se pusieren de acuerdo en la tierra acerca de cualquiera cosa que pidieren, les será hecho por mi Padre que está en los cielos»? Esta promesa es nuestra tanto como suya, pues se añade: «Donde están dos o tres congregados en mi nombre, allí estoy en medio de ellos». No dice donde dos o tres de vosotros están congregados, sino donde dos o tres. Pueden ser dos o tres apóstoles, o dos o tres campesinos, o dos o tres mujeres, o dos o tres niños; sin embargo, si se reúnen en el nombre de Cristo, Él estará en medio de ellos para bendecirlos y responderlos. Orar juntos ayuda en gran manera a los cristianos a amarse mutuamente. Si los que viven bajo un mismo techo se reunieran, no solo en el culto familiar habitual, sino también de dos en dos o de tres en tres, con frecuencia hallarían que su amor mutuo crece, vivirían en mayor armonía, gozarían de mayor felicidad y obtendrían bendiciones más ricas.
Hay peticiones especialmente apropiadas para ser presentadas a Dios por varios de sus hijos en oración unida. Si uno ha cometido una falta, puede confesarla a sus hermanos y pedirles que le acompañen al trono de la gracia para implorar misericordia. Santiago, en su epístola, dice: «Confesad vuestras ofensas unos a otros, y orad unos por otros, para que seáis sanados». Es cuando nos apartamos de Dios y más necesitamos su misericordia cuando menos capaces somos de implorarla. ¡Cuán consolador es entonces tener un hermano cristiano que nos conduzca de vuelta a Dios!
A veces un favor particular es deseado por los miembros de una misma familia. Puede ser el regreso sano de un hermano ausente, o la conversión de un pariente incrédulo. Seis jóvenes hermanas se reunían cada mañana para implorar bendición sobre un padre anciano. Oraban para que la luz de la verdad brillara en su alma entenebrecida.
Cuando Dios responde las oraciones de varios creyentes, su nombre es más glorificado que cuando responde la oración de uno solo, pues entonces hay varios testigos de su verdad y fidelidad.
Hacia fines del siglo pasado, seis o siete piadosos ministros de la Iglesia de Inglaterra, siendo el señor Romaine uno de ellos, acordaron reunirse a una hora determinada para rogar a Dios que suscitara más predicadores fieles del evangelio en su propia iglesia. No podían reunirse todos en un mismo lugar, pues muchos estaban separados por grandes distancias, pero todos se encontraron a una misma hora en el trono de la gracia. Antes de terminar su carrera, contemplaron la respuesta a sus oraciones. En lugar de seis o siete, había seiscientos o setecientos clérigos de la Iglesia de Inglaterra, del mismo espíritu que ellos.
Fuente y atribución
Autor original: F. L. Mortimer
Título original: Christ promises to hear the united prayers of his disciples
Fuente original: Grace Gems
Traducido y adaptado al español por Cristo Es Todo a partir de un escrito de F. L. Mortimer, publicado originalmente en Grace Gems.