MARTES POR LA NOCHE.
Oh Señor bondadoso, cuyo nombre es Amor, recibe en amor nuestra oración vespertina. Nos has llamado con un llamamiento alto y celestial. Perdónanos que nuestro andar haya sido tan indigno de todas tus tiernas misericordias. El día testifica al día, y la noche a la noche, cuán bueno eres, y cuán viles somos. Borra todas las transgresiones que han manchado nuestras almas desde la última vez que nos humillamos juntos en tu presencia. Nuestros pecados son más que las arenas del ancho mar. Pero donde el pecado así espantosamente abunda, la gracia infinitamente sobreabunda.
Mira la cruz de tu Hijo amado. Recuerda lo precioso de su sangre expiatoria. Escucha su intercesión que nunca falla. Por tu Espíritu, susurra a nuestros corazones contritos: «¡Ánimo, acostaos en paz, vuestros pecados son todos perdonados!» Te damos gracias, te bendecimos, te adoramos, te alabamos y magnificamos tu gracia sin límites. ¡Verdaderamente alcanza hasta los cielos! ¡Verdaderamente permanece para siempre!
Oramos por el mundo que yace en maldad. Tu misericordia nunca se cansa de esparcir beneficios alrededor. ¡Cuán ingratos se reciben! ¡Cuán vil es el descuido de la insensata ingratitud! Las iniquidades de la tierra claman con fuerza para despertar la venganza divina. Con cuánta justicia podría salir el decreto: «¡Tala a los culpables habitantes! ¿Por qué ocupan tanto tiempo la tierra!» Escucha nuestro clamor por las vastas multitudes que no claman por sí mismas. «Perdónalos, buen Señor, perdónalos. No encierres tu misericordia en la justicia. Recuerda cuán breve es su tiempo, y mientras exista oportunidad, ¡oh, te dignes dar gracia!»
Son criaturas de tu mano. Te has dignado soplar en ellos el aliento de vida. ¡Oh, solo pronuncia la palabra, y estos huesos secos vivirán! «Las cosas viejas pasarán, todas las cosas serán hechas nuevas. El desierto se regocijará y florecerá como la rosa. Donde antes había espinos, crecerán cipreses. Donde crecieron abrojos, brotarán arrayanes. ¡Este milagro traerá gran honra a tu nombre; será señal eterna de tu poder y de tu amor!» Los has dotado de maravillosas facultades de intelecto, de mente, de cuerpo. ¡Cuán capaces son de servirte y de magnificar tu nombre! No dejes que sus poderes se marchiten como un árbol agostado. Que nada sea mal usado en el servicio del poder del maligno, el tirano injusto de este mundo esclavizado.
Pero especialmente imploramos favores especiales sobre nuestra propia tierra amada. Nos has exaltado en misericordias sobre todas las naciones de la tierra. Nos has colocado en la cúspide más alta del privilegio. El sol nunca se pone sobre el dominio de nuestra influencia. Somos bendecidos con el conocimiento de tu grande y poderoso nombre. Somos instruidos en las gloriosas revelaciones de tu verdad evangélica. Poseemos el tesoro inestimable de la Biblia abierta. Leemos en las sagradas páginas cómo nos has amado, y enviaste a tu Hijo a llevar nuestros pecados en el maldito árbol, y a traer justicia eterna, y a buscar y salvar a los perdidos, y a abrir el reino de los cielos a todos los creyentes. En ellas se nos enseña que es tu voluntad que ninguno perezca, sino que todos vengan al conocimiento de tu verdad, y que tu amado Hijo nunca echa fuera a los pecadores que le buscan en fe y amor.
Ayúdanos, como nación, a ponderar profunda y debidamente nuestras solemnes responsabilidades. Impríme en nosotros que hemos recibido nuestras bendiciones para negociar con ellas para tu gloria. Muéstranos que si perezozamente las escondemos y enterramos, vendrá el día en que los privilegios abusados saldrán de sus tumbas y pedirán venganza contra nosotros como siervos inútiles.
Líbranos, buen Señor, líbranos, te rogamos, del ¡ay! de Corazín, del ¡ay! de Betsaida, del ¡ay! de Capernaúm. Hoy, mientras se llama hoy, temblemos no sea que sea más tolerable para Tiro y Sidón, y para la tierra de Sodoma en el día del juicio, que para nosotros. Demos diligencia en consagrarnos, junto con todas nuestras oportunidades y todos nuestros privilegios, a la obra incansable e indivisa de dar a conocer a Cristo Jesús a toda la familia humana. Óyenos, ten piedad de nosotros, perdónanos, levántate en nuestra ayuda, y vivifícanos para tu obra. Estas oraciones se ofrecen en el nombre de Cristo nuestro Señor. Amén.
Fuente y atribución
Autor original: Henry Law
Título original: Family Prayers — Week 3 TUESDAY EVENING
Fuente original: Grace Gems
Traducido y adaptado al español por Cristo Es Todo a partir de un escrito de Henry Law, publicado originalmente en Grace Gems.