Porciones diarias

El amor a los hermanos como prueba de vida

Aun en sus días más tiernos, los redimidos muestran amor por la palabra, el pueblo y la verdad de Dios. Como Rut, que se unió a Noemí apenas fue tocado su corazón.

El pueblo del Señor, en sus primeros días, tiene una medida de amor celestial. Aunque quizá no pueden decir que Jesús es suyo; aunque no se atreven a declarar que ciertamente irán al cielo al morir; aunque a veces ni siquiera pueden afirmar que la obra de la gracia ha comenzado verdaderamente en sus almas, sin embargo hay en ellos amor manifestado hacia la palabra de Dios, el pueblo de Dios, los siervos de Dios y la verdad de Dios. Hay en ellos, en sus días más débiles y más tiernos, una separación del mundo, una identificación con el pueblo de Dios, una salida en la ternura de su corazón y afecto hacia ellos. Vemos esto en Rut: aunque era una pobre idólatra gentil, no bien su corazón fue tocado por el dedo de Dios, se unió a Noemí.

El amor a Cristo solo puede brotar de las enseñanzas y operaciones de Dios sobre el corazón. Nuestra «carnal mente es enemistad contra Dios», nada sino enemistad implacable e irreconciliable. Pero cuando el Señor se digna darse a conocer al alma en alguna medida; cuando se place en descubrir, hasta cierto grado, su rostro amable y dar una revelación de su gracia y gloria, inmediatamente brota el amor divino. ¡Él es un Objeto tan amable! Como dice la Esposa, Él es «todo deseable». Su hermosura es tan excelso, su gracia tan rica, su misericordia tan libre; todo lo que Él es y tiene es tan indeciblemente glorioso, que no bien descubre su rostro amable, conquista todo el amor del corazón, toma posesión del pecho y atrae cada afecto del alma para que se centre total y únicamente en Él.

Fuente y atribución

Autor original: J. C. Philpot

Título original: October 11

Fuente original: Grace Gems

Traducido y adaptado al español por Cristo Es Todo a partir de un escrito de J. C. Philpot, publicado originalmente en Grace Gems.

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