Pensamientos vespertinos

El amor del Padre y del Hijo es un mismo amor

El amor del Padre y del Hijo hacia la iglesia son iguales en grado y en naturaleza; contemplar el amor de Jesús es contemplar el amor del Padre, un solo amor del Dios triuno.

La gloria manifestada de Cristo en su iglesia queda claramente declarada en la sublime oración de nuestro Señor. Dirigiéndose al Padre, reclama para sí lo que ninguna criatura podría reclamar: una conjunción de intereses en la iglesia, fundada en una unidad esencial de naturaleza. ¿Qué ángel en el cielo podría adoptar este lenguaje, qué criatura en la tierra presentar este clamor: «Todo lo tuyo es mío»? Sería el colmo de la presunción, la inspiración misma de la blasfemia. Pero cuando nuestro Señor lo afirma, y lo hace en solemne oración en la víspera de su muerte, ¿qué prueba sino que la unidad de propiedad en la iglesia entraña una unidad de esencia en el ser? No podría existir una perfecta unidad del Padre y del Hijo en ningún objeto si no brotara de una unidad de naturaleza.

Es delicioso rastrear aquí la perfecta igualdad de amor hacia la iglesia, así como la perfecta identidad de interés en ella. A veces nos sentimos tentados a dudar de que el amor del Padre sea del mismo grado que el del Hijo; porque Jesús murió e intercede, y nuestra mente se familiariza con él asociándolo con todo consuelo y todo gozo, y así se deja seducir creyendo que su amor debe superar en intensidad al del Padre. Pero no es así. El amor del Padre es de igual grado y naturaleza que el del Hijo, y lo mismo puede afirmarse del «amor del Espíritu».

«El que me ha visto —dice Jesús—, ha visto al Padre.» Quien ha contemplado las expresiones enternecedoras y avasalladoras del amor del Redentor, quien lo ha visto derramar su compasión sobre las miserias de un mundo sufriente, mostrar tierna gentileza con sus discípulos, llorar ante el sepulcro de Lázaro, y avanzar del huerto de Getsemaní al tribunal de Pilato y de allí a la cruz del Calvario, ha visto en cada paso y en cada acto una imagen del amor profundo que el Padre profesa a su pueblo. Dulce es pensar que el amor que gimió, que trabajó, que lloró, que sangró, que murió, es el mismo amor, en naturaleza e intensidad, que mana del corazón del Dios triuno y está comprometido para asegurar la salvación eterna de la iglesia. «Dios estaba en Cristo reconciliando consigo al mundo.»

Fuente y atribución

Autor original: Octavius Winslow

Título original: Evening Thoughts - July 13

Fuente original: Grace Gems

Traducido y adaptado al español por Cristo Es Todo a partir de un escrito de Octavius Winslow, publicado originalmente en Grace Gems.

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