«Dios demuestra su amor para con nosotros, en que siendo aún pecadores, Cristo murió por nosotros.» Romanos 5:8
El amor de Dios no es meramente algo que Él posee: es lo que Él es en su misma esencia. ¡Pero cuán rara vez se comprende debidamente este amor! No es una blandura sentimental ni una aprobación pasiva. El amor de Dios es santo: nunca en desacuerdo con su justicia. Es soberano: concedido libremente a quien Él quiere. Es inmutable: eternamente fijo sobre sus escogidos, sin conmoverse por sus fracasos ni fluctuaciones. Antes de la fundación del mundo, Él fijó su amor sobre su pueblo escogido. «Con amor eterno te he amado; por tanto, te prolongué mi misericordia.» Jeremías 31:3. Su amor no fue despertado por ninguna belleza ni mérito en nosotros, pues estábamos muertos en delitos y enemigos de Dios. Sin embargo, desde lo profundo de su propia bondad y para la alabanza de su gloriosa gracia, nos amó aun así.
La cruz se alza como la suprema demostración de este amor divino. «En esto se mostró el amor de Dios para con nosotros, en que Dios envió a su Hijo unigénito al mundo, para que vivamos por Él.» 1 Juan 4:9. Allí, en el Calvario, el amor y la justicia se encontraron en perfecta armonía. La ira que merecíamos fue derramada sobre Cristo, para que el amor de Dios fuera derramado abundantemente sobre nosotros. ¡Oh, la maravilla del amor que nos escogió, nos redimió y jamás nos abandonará!
Que los redimidos... reposen en este afecto eterno, se regocijen en su seguridad y sean constreñidos por él a la santidad. Que reflejemos tal amor a otros: sacrificial, puro y constante. «¿Quién nos separará del amor de Cristo? ¿Tribulación, angustia, persecución, hambre, desnudez, peligro o espada? ... Antes, en todas estas cosas somos más que vencedores por medio de aquel que nos amó. Por lo cual estoy seguro de que ni la muerte, ni la vida, ni ángeles, ni principados, ni potestades, ni lo presente, ni lo por venir, ni lo alto, ni lo profundo, ni ninguna otra cosa creada nos podrá separar del amor de Dios, que es en Cristo Jesús Señor nuestro.» Romanos 8:35, 37–39
Fuente y atribución
Autor original: Arthur Pink et al.
Título original: The Attributes of God — The Love of God
Fuente original: Grace Gems
Traducido y adaptado al español por Cristo Es Todo a partir de un escrito de Arthur Pink et al., publicado originalmente en Grace Gems.