«Porque mejor es tu misericordia que la vida; mis labios te alabarán.» Salmo 63:3
El amor misericordioso de Dios no es un sentimiento pasajero, sino su amor firme y covenantal manifestado en acción graciosa. Es el desbordamiento soberano de su misericordia y fidelidad, prometido a su pueblo escogido desde la eternidad pasada y manifestado a lo largo del tiempo. No surge de nada en nosotros, sino de todo en Él.
A diferencia de los afectos frágiles del hombre, el amor misericordioso de Dios es inmutable. Nos encontró en nuestra rebelión, nos atrajo a la cruz y ahora nos preserva en medio de toda prueba. Fue su amor misericordioso el que soportó con paciencia nuestra rebeldía, el que permaneció fiel cuando nosotros fuimos falsos, y el que suple sin cesar toda nuestra necesidad en Cristo. El amor misericordioso de Dios llega hasta los cielos, rodea al creyente y jamás lo suelta. Consuela en el dolor y disciplina con amor.
Este amor divino nunca decae. No se altera con nuestros fracasos ni se atenúa con nuestras debilidades. Arraigado en su propósito eterno, permanece como un ancla firme para el alma. En Cristo, no somos meramente perdonados: somos abrazados. Dios se goza sobre nosotros, nos rodea de favor y nos sostiene en sus brazos sempiternos.
Cuando el corazón esté abrumado, recuerda su amor misericordioso. Cuando la noche sea larga, descansa en su seguridad inquebrantable. Y que nuestros labios le glorifiquen, no solo por lo que Él otorga, sino por quien Él es: el Dios inmutable cuyo amor misericordioso es, en verdad, mejor que la vida. Que esta verdad nos conduzca a la adoración reverente, a la obediencia gozosa y a una paz inalterable.
Fuente y atribución
Autor original: Arthur Pink et al.
Título original: The Attributes of God — The Loving-kindness of God
Fuente original: Grace Gems
Traducido y adaptado al español por Cristo Es Todo a partir de un escrito de Arthur Pink et al., publicado originalmente en Grace Gems.