Una de las preguntas más importantes que el pueblo cristiano tiene que considerar en estos días es la del uso debido del día del Señor. ¿Cuál es su propósito? ¿Qué lugar debe ocupar entre los días? ¿Qué debería significar para nosotros? ¿Cómo debería observarse? Sería una gran calamidad para nosotros si llegáramos a perder del todo nuestro día de reposo. Entonces no tendríamos iglesias, ni servicios religiosos, ni instituciones cristianas, ni escuelas dominicales, ni comunión cristiana; pues es el día de reposo el que inspira y sostiene todas estas instituciones y bendiciones. Jesús amó el día de reposo. Quitó de él ciertas cosas que se habían acumulado a su alrededor y estropeaban su belleza; pero no lo abolió. Lo santificó, y luego nos lo devolvió como una institución de bien y de bendición.
Un día de reposo Jesús y sus discípulos pasaban por los sembrados. Podemos inferir que iban camino al servicio de la sinagoga de la mañana; iban a la iglesia, como diríamos. Hay muchas evidencias de que Jesús siempre fue puntual en su asistencia a las ordenanzas de la iglesia. Podríamos pensar que Él no necesitaba la ayuda espiritual que proviene de la adoración pública; sin embargo, parece que siempre la buscó. Si Jesús mantuvo el hábito de concurrir a la iglesia, entonces ciertamente no deberíamos pensar que nosotros podemos prescindir de él. Haríamos bien en destacar esta parte particular del deber del día de reposo. Los jóvenes deberían sentir la obligación y darse cuenta de su propia necesidad de lo que la iglesia puede darles. Debemos reunirnos para adorar a Dios, para reconocerlo delante de los hombres como nuestro Dios, y para tributarle la debida honra y alabanza de quien proceden todas nuestras bendiciones.
Luego necesitamos la ayuda que el Señor envía desde el santuario. Necesitamos la instrucción, el consejo, la advertencia, el estímulo y el consuelo que provienen de la fiel predicación de la Palabra. Necesitamos la comunión de los cristianos, la fortaleza que nace de la simpatía humana. En nuestra reflexión sobre cómo observar el día de reposo, no olvidemos incluir una sana medida de asistencia a la iglesia. Podemos estar seguros de que Jesús y sus discípulos no estaban simplemente dando un paseo de placer aquella mañana, ni se limitaban a viajar hacia algún lugar. Necesitamos ser cuidadosos en cuanto a cómo buscamos nuestro propio placer en el día del Señor. Debemos hacer del día de reposo algo distinto de los demás días: descansado, tranquilo, un día para recibir las bendiciones divinas de salud y renovación, así como de bien y enriquecimiento espiritual.
Los fariseos eran sumamente escrupulosos en la observancia de la letra de la ley, y además de ello, de las reglas rabínicas que se habían añadido de tiempo en tiempo a la ley. También consideraban su deber vigilar de cerca a los demás y notar cualquier falta en el cumplimiento de las reglas. Estaban especialmente atentos a observar a Jesús y a sus discípulos. Su motivo no era un interés sincero en la enseñanza y el ejemplo de Jesús, sino criticarlo para poder acusarlo. Lo acompañaban, no porque les gustara estar con Él, sino como espías de su conducta, buscando alguna falta en Él.
Obtenemos dos lecciones. Una es que la conducta de los cristianos siempre es observada por ojos desfavorables, ojos agudos para detectar la menor falta aparente. Debemos vivir en todo tiempo con sumo cuidado, de manera que no demos ocasión para justa censura. Sin embargo, el ejemplo de los discípulos de nuestro Señor aquí nos muestra que no debemos ser esclavos de opiniones tradicionales que no tienen fundamento en la Palabra de Dios.
La otra lección es que podemos encontrar ocupación mejor que la de espiar la vida y la conducta de nuestros semejantes. El desfavorable espionaje de estos santurrones religiosos sobre las acciones de nuestro Señor y de sus discípulos, ante nuestros ojos resulta muy vil y despreciable. Recordemos que no es menos vil y despreciable para nosotros observar a nuestros hermanos cristianos con el fin de descubrirles defectos. Supongamos que no vivan del todo como debieran vivir: ¿somos nosotros sus jueces? Entonces quizá nuestro pecado de falta de caridad al observarlos pueda ser tan grande como el de ellos en alguna otra inconsistencia.
Los escribas siempre remitían a la gente a lo que estaba escrito. Con aguda ironía Jesús les recordó un incidente de sus Escrituras que tenía relación con el asunto que los preocupaba (véase 1 Samuel 21:1-6). David era un héroe predilecto de los judíos, y lo que él hizo debía tomarse al menos como precedente. La enseñanza es también para nosotros, y su significado es que las "obras de necesidad" pueden hacerse en el día de reposo. Era, en sentido literal, una infracción de la ley ceremonial que el sacerdote diera a David los panes de la proposición; pero no era una infracción del espíritu de la ley, pues la necesidad del hambre prevalecía sobre la regulación ceremonial. La obra de los sacerdotes en el templo era también, en sentido literal, una continua profanación del día de reposo; sin embargo, eran "sin culpa" porque su trabajo era necesario para el mantenimiento del culto ordenado por Dios. De igual manera, nuestro Señor enseñó que el acto de sus discípulos al arrancar y frotar las espigas para conseguir alimento y satisfacer su hambre inmediata era una obra de necesidad, y por tanto no era pecado. Aunque la letra de la ley pudo haber sido violada, no hubo violación de su espíritu.
Así obtenemos el principio de que las "obras de necesidad" son excepción en la ley del día de reposo, que requiere el cese del trabajo secular. Cuáles sean estas obras de necesidad no puede establecerse por medio de reglas y regulaciones minuciosas. Eso sería repetir el error de los maestros judíos, que añadieron a la ley sencilla y llana de Dios tantas tradiciones propias que terminaron por oscurecer y sepultar la ley misma, y hacer su religión pesada y opresiva. Cuáles sean estas obras de necesidad puede dejarse a la conciencia iluminada de los fieles seguidores de Cristo.
Jesús fue más lejos y formuló una declaración general acerca del propósito del día de reposo que es muy importante y que siempre deberíamos recordar al pensar en la observancia del día: "Les dijo: El día de reposo fue hecho por causa del hombre, y no el hombre por causa del día de reposo." El día de reposo es parte del plan de amor de Dios para el hombre. No fue hecho para él meramente como una ley arbitraria, sin razón. Es una ley de su naturaleza, o en armonía con su naturaleza, tanto como lo es la noche, que lo invita a cesar del trabajo y buscar descanso y sueño. Fue hecho para su naturaleza física. Y fue hecho también para su bien espiritual, para darle oportunidad, no solo de descanso físico, sino de comunión con Dios cuando el ruido de los negocios y del trabajo ha cesado. Fue hecho para el hombre, para promover su mayor bienestar en todo aspecto.
Jesús mostró con claridad, tanto por su propio ejemplo como por su enseñanza, que el día de reposo nunca fue destinado a ser una carga ni a obrar de manera opresiva. Aunque el trabajo está prohibido en el día de reposo, no es una violación preparar alimento suficiente para satisfacer el hambre del cuerpo, sacar a una bestia de un hoyo o sanar a un enfermo. No muchas personas están dispuestas hoy, sin embargo, a hacer del día de reposo una carga pesada o un yugo cruel. La tendencia es la contraria. Al mismo tiempo, conviene entender bien lo que nuestro Señor enseñó sobre este asunto. Las obras de necesidad están permitidas, aun cuando parezcan violar la letra de la ley. Lo mismo ocurre con las obras de misericordia, las obras de benevolencia. Sin embargo, será difícil sacar de este gran dicho de nuestro Señor ni siquiera la centésima parte de excusa para las actividades seculares que los hombres quieren introducir bajo el amparo de la enseñanza de Cristo.
Jesús fue aún más lejos y afirmó su propia autoridad sobre el día: "El Hijo del Hombre es Señor aun del día de reposo." Por tanto, tenía derecho a interpretar las leyes para su observancia. No da a entender ninguna intención de abolir el día de reposo. Acababa de decir: "El día de reposo fue hecho por causa del hombre, y no el hombre por causa del día de reposo." Por cuanto el día de reposo fue hecho para el hombre, quedó bajo el señorío del Hijo del Hombre. Como Mediador, tenía depositados en sus manos todos los intereses de la humanidad. El día de reposo no debía abolirse, pues era parte de la mismísima constitución divina que el Dios amoroso había ordenado para sus hijos. Cristo no vino para destruir, sino para cumplir. Tomó, pues, el día de reposo, despojándolo de las regulaciones ceremoniales temporales, y dejando a un lado todas las reglas tradicionales pesadas, y luego le devolvió su verdadero significado espiritual, tal como hizo con los demás mandamientos en el Sermón del Monte. Bajo su toque, el día de reposo quedó, en cierto sentido, "nuevo". La esclavitud de la letra dio paso a la libertad del Espíritu. Liberó a su Iglesia de las cargas opresivas de un día de reposo rabínico, e hizo del día uno de gozo y alegría, un tipo y anticipación del cielo.
"Les dijo: ¿Es lícito en el día de reposo hacer bien, o hacer mal? ¿Salvar la vida, o quitarla?" En el relato de este incidente en el Evangelio de Mateo (12:11, 12) aprendemos que Jesús dio una ilustración: "¿Qué hombre habrá de vosotros, que tenga una oveja, y si esta cayere en un hoyo en día de reposo, no le eche mano y la levante? Pues ¿cuánto más vale un hombre que una oveja? Así que es lícito hacer el bien en el día de reposo." Apeló al simple sentido común. Los judíos no podían menos que admitir que un hombre debía sacar a su oveja del hoyo en el día de reposo. Cualesquiera que fueran sus tradiciones sobre tal caso, la práctica de la gente estaría en la línea misericordiosa. Entonces Jesús preguntó: "¿No vale un hombre más que una oveja? Si es correcto sacar a una oveja de un hoyo en el día de reposo, entonces ciertamente es correcto aliviar a un sufridor humano de su mal en ese día."
Así obtenemos la lección de que es correcto hacer el bien en el día de reposo. Es correcto que los médicos atiendan a sus pacientes en ese día. Es correcto que aquellos cuyo deber natural es cuidar de los enfermos lo hagan y los asistan en el día de reposo. Es correcto visitar a los enfermos cuando podemos llevarles bendición o aliento; visitar a los afligidos cuando podemos llevarles consuelo; visitar a los pobres cuando podemos ministrar a sus necesidades o aliviar su angustia; salir entre los no salvos cuando podemos hacer algo para llevarlos a Cristo y salvar sus almas; reunir a los niños descuidados de las calles y de los hogares cristianos y llevarlos a la escuela dominical y a la iglesia. Jesús nos da aquí autorización para muchas obras de misericordia en su propio día santo.
Cuando Jesús entró en la sinagoga, había allí un hombre que tenía una mano seca. Los escribas observaban muy atentamente para ver si Jesús sanaba a este hombre en el día de reposo. Pidió al hombre que se pusiera de pie, como si fuera a sanarlo; pero primero preguntó a los escribas si era lícito hacer el bien en el día de reposo. Ellos no querían comprometerse respondiendo a su pregunta, y tras un breve momento Jesús procedió a sanar al hombre. "Dijo al hombre: Extiende tu mano. Y él la extendió, y su mano fue restaurada." Jesús no dejaría que el hombre sufriera a causa de las críticas de los judíos.
Obtenemos aquí una lección. No debemos dejar que la oposición y la crítica de quienes nos rodean nos impidan hacer el bien. Debemos realizar nuestras buenas obras con valentía, sirviendo a Cristo sin importar las burlas del mundo ni los estorbos.
Fuente y atribución
Autor original: J. R. Miller
Título original: The Use of the Sabbath
Fuente original: Grace Gems
Traducido y adaptado al español por Cristo Es Todo a partir de un escrito de J. R. Miller, publicado originalmente en Grace Gems.