¿Qué quisieras, oh alma mía, para estar contenta? Tienes mucho en la mano y más en esperanza. Tienes las consolaciones de la vida y los medios de salvación; la palabra predicada y los sacramentos administrados; una visión abierta y una Biblia en tu propio idioma. Tienes la posesión de la vida presente y la promesa de la venidera. Si no eres tan bendecida como algunos, tampoco eres tan miserable como otros. Si hay muchos en un estado más alto y mejor que el tuyo en este mundo, ¿deberías quejarte? Hay más en una condición más baja y peor, ¿y no deberías maravillarte de que seas tan bendecida?
Si tienes pan para comer y vestido para cubrirte, o cualquier cosa que sea bendición, es mucho, dado que mereces la maldición y la ira de Dios. Es misericordia que seas habitante de la tierra de Dios; podrías haber sido prisionero en el pozo del fuego devorador. Tienes motivo de agradecida exultación, de que la justicia de Dios no esté inexorablemente vuelta contra ti. Y puede contentarte, en la condición por mala que sea en que ahora te hallas, que Dios no contenderá contigo para siempre.
¿No te da vergüenza desear mucho, cuando lo has perdido todo? ¿Preferirías tener tu mejor parte aquí, en esta tierra vana, antes que la porción eterna en lo por venir? ¿Preferirías los manantiales de abajo de los consuelos terrenales, antes que los manantiales de arriba de la consolación celestial? ¿Preferirías el lucro inmundo antes que al Dios bendito? ¿Preferirías la felicidad terrena antes que la gloria celestial? No, Señor. Tú, tú mismo, tu amor solo, me contentarás para siempre. Cualquier cosa que ahora me des, es demasiado para mí, que no merezco nada. Una migaja de misericordia es un banquete rico para mí, que soy un bancarrota espiritual. ¿Qué importa cómo ahora me vaya, puesto que dentro de poco seré llevado al palacio del Rey, para habitar allí para siempre en medio de placeres eternos?
Ciertamente, entonces, nunca podrá ser amargo su tiempo, quien tiene la esperanza de una eternidad feliz. Tampoco pueden las cruces vejar grandemente a aquel alma que está crucificada al mundo, y el mundo a ella. Ni tiene pérdida alguna que temer, quien guarda sus tesoros en la eternidad. Ni pueden las desgracias mundanas empobrecerlo, quien es heredero de las verdaderas riquezas eternas. Ni la muerte de los amigos puede afligirlo, cuyo mejor amigo vive para siempre.
Veo, pues, que solo necesito una cosa para ser feliz. Y es conocer las preciosas cosas de mi tesoro eterno. Habla, y seré bendecido para siempre; pronuncia la palabra celestial: Todas las cosas son vuestras, y vosotros de Cristo, y Cristo de Dios.
Fuente y atribución
Autor original: James Meikle
Título original: CONTENTMENT
Fuente original: Grace Gems
Traducido y adaptado al español por Cristo Es Todo a partir de un escrito de James Meikle, publicado originalmente en Grace Gems.