La soledad endulzada

La experiencia que enseña a confiar en la providencia

Bueno es confiar en Dios y esperar su bondad. Aun lo que pareció oscuro se torna claro, y la experiencia confirma que él ha hecho bien todas las cosas.

¡Cuán bueno es confiar en Dios y esperar bondad de su mano! Cuando la esperanza se ha ido y todos los esfuerzos resultan inútiles, su providencia vigilante me concede mi petición, me abre una puerta y hace todo lo que deseo, lo que es verdaderamente bueno para mi alma. ¡Oh, cómo admiro la bondad de su amor y el sabio reparto de su providencia! Cuando las decepciones se agolpaban sobre mí, no sabía qué pensar ni qué hacer; pero por tu gracia esperé tu consejo, y no he esperado en vano. Tu tiempo, tu camino, tu método son los mejores. Tú ves claramente a través de las escenas oscuras, y conoces mi frame, y sabes mejor que nadie lo que le conviene, más de lo que la más profunda penetración de mi corazón jamás podría.

Ahora, cuando por muchos años, por así decirlo, he probado la dispensación de la providencia de Dios, ¿qué tengo que decir contra ella? ¡Nada! Pues lo que al principio parecía oscuro, intricado y perplejo, en poco tiempo se volvió claro e inteligible. Sí, a veces aquella escena que parecía más lúgubre en la rueda exterior, cuando la rueda interior giró, brilló más gloriosa, hasta mi asombro; de modo que lo que al comienzo me arrancó pensamientos de desaliento, al fin me excitó a cánticos de alabanza.

En la parte de mi vida ya pasada, y en las escenas de providencia ya aclaradas, confieso con gozo y canto: ¡Todo lo ha hecho bien! Esto me lo confirma la experiencia de muchos años; de modo que me sonrojo al ver en parte descifrados algunos de los «misterios de la Providencia», por haber tenido conceptos tan bajos del amor y la bondad de Dios, midiendo su sabiduría por mi comprensión superficial, su poder por mi debilidad estorbada, su amor por mi incredulidad, su bondad por mi ojo malo, y sus tratos conmigo por mis tratos con él. Sí, he sido bastante vil como para, en cada nueva escena de providencia, caer de nuevo en el mismo pecado y exponerme de nuevo a la misma vergüenza y sonrojo.

«La experiencia es el maestro de los necios», dice el proverbio. Pero ¡qué necio debo ser yo, que no quiero ser instruido por todo lo que he visto! ¿Por qué he de tener un solo pensamiento duro acerca de las dolorosas circunstancias en que ahora estoy enredado? Aunque en muchas cosas tengo aún el lado oscuro y no el lado brillante de la nube hacia mí, no debiera sacar la menor conclusión adversa sobre la conducta de la inerrante Providencia de Dios, sino esperar hasta que se cumpla y se me aclare.

Pero ¡cómo me sonrojaré, si fuera posible, y quedaré confundido por mis viles pensamientos sobre Dios y su providencia, cuando «el errante laberinto que compuso mi vida» quede descifrado en el mediodía resplandeciente de la gloria, para mi inefable gozo y eterna admiración!

Como no puedo recordar estas dudas que ahora me distraen el pecho para convertirlas en actos de fe, ni estos murmuraciones para acallarlas en silenciosa resignación, debiera procurar ahora glorificar a Dios en el más hondo valle de miseria y en la más oscura noche de adversidad, pensando alta y honorablemente de aquel que gobierna todas las cosas, tanto el cielo como la tierra.

Por último, ¡cuán dulce ha de ser para mi alma aquel día en que mi experiencia confirme y confiese el fin bondadoso de cada providencia; y la providencia explique dulcemente y cumpla la promesa; y todos se unan en una sola voz para siempre! ¡No ha faltado una sola cosa buena de todo lo que el Señor ha hablado!

Fuente y atribución

Autor original: James Meikle

Título original: EXPERIENCE

Fuente original: Grace Gems

Traducido y adaptado al español por Cristo Es Todo a partir de un escrito de James Meikle, publicado originalmente en Grace Gems.

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