Lecturas bíblicas diarias en la vida de Cristo

El corazón como suelo para la semilla divina

El corazón humano es solo suelo que por naturaleza produce espinas; pero cuando recibe con fe la palabra divina, se transforma y florece, y nosotros podemos ser sembradores de esa preciosa semilla.

El corazón humano es solo el suelo. Sus productos naturales son espinas y abrojos. Estos crecen sin siembra y sin cultivo. No necesitamos que nos enseñen para ser malos. Pero si han de crecer cosas buenas en nuestros corazones, deben sembrarse y cultivarse. Las semillas deben traerse del Cielo. Eso es precisamente lo que se ha hecho. Las palabras de la Biblia son semillas divinas. Tienen en sí mismas un poder admirable. Como las semillas naturales, crecen cuando se plantan y producen plantas de justicia. Desnudos como el desierto, o más bien cubiertos por completo de maleza y abrojos, como jardines descuidados, hasta que viene el Sembrador, así son nuestros corazones por naturaleza. Sin embargo, si recibimos la buena semilla con fe y amor, nuestras vidas son transformadas y hechas para florecer como la rosa.

Hay otro pensamiento: todos podemos ser sembradores de esta buena semilla. Debemos cuidar que realmente sembremos la "palabra". No hay otra semilla que produzca la cosecha de vida espiritual. Las palabras de Dios tienen vida en ellas. "Las palabras que yo os he hablado", dijo el Maestro, "son espíritu y son vida". Si ponemos estas semillas celestiales en los corazones de la gente, no buscaremos en vano los frutos. Es un santo privilegio que se nos permita ayudar al gran Jardínero en la siembra de esta preciosa semilla. Podemos llevar los granos de oro con nosotros y dejarlos caer dondequiera que vayamos. Esto podemos hacerlo estando llenos de la palabra, teniendo así algo que dar para cada experiencia. Podemos sembrar la semilla mediante la prudente entrega de tratados y folletos. Podemos hacerlo escribiendo cartas que lleven a otros alguna verdad adecuada a su necesidad. Entonces podemos vivir de manera tan amable que nuestra influencia diaria sea una dispersión de semilla celestial a nuestro alrededor. ¡Y entonces algún día estaremos ante el gran Jardínero, con el seno lleno de gavillas de oro!

Fuente y atribución

Autor original: J. R. Miller

Título original: Golden Grain

Fuente original: Grace Gems

Traducido y adaptado al español por Cristo Es Todo a partir de un escrito de J. R. Miller, publicado originalmente en Grace Gems.

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