Después de Malaquías no hubo profeta hasta que vino Juan el Bautista. Apareció primero en el desierto de Judea. No era este un desierto despoblado, sino una parte del país no densamente poblada ni muy cercada. No hay lugar tan remoto que nos cierre el paso a las visitas de la gracia divina. La doctrina que predicaba era el arrepentimiento: "Arrepentíos." La palabra aquí usada implica una alteración total del entendimiento, un cambio en el juicio, la disposición y los afectos, otra y mejor inclinación del alma. Considerad vuestros caminos, mudad vuestro entendimiento: habéis pensado mal; pensad de nuevo, y pensad rectamente. Los verdaderos penitentes tienen otros pensamientos acerca de Dios y de Cristo, del pecado y de la santidad, de este mundo y del venidero, de los que antes tenían. El cambio del entendimiento produce un cambio en el camino. Ese es el arrepentimiento evangélico, que brota de la contemplación de Cristo, del sentido de su amor y de la esperanza del perdón y la remisión por medio de él. Es un gran estímulo para que nos arrepintamos: arrepentíos, porque vuestros pecados serán perdonados al arrepentirse. Volved a Dios por el camino del deber, y él, por medio de Cristo, volverá a vosotros por el camino de la misericordia. Aún es tan necesario arrepentirse y humillarse para preparar el camino del Señor, como lo era entonces. Hay mucho que hacer para abrirle camino a Cristo en un alma, y nada más necesario que el descubrimiento del pecado y la convicción de que no podemos ser salvos por nuestra propia justicia. El camino del pecado y de Satanás es un camino torcido; pero para preparar un camino a Cristo, las sendas deben ser enderezadas, Heb 12:13. Aquellos cuyo oficio es llamar a otros a lamentar el pecado y a mortificarlo, deben ellos mismos vivir una vida seria, una vida de negación propia y de desprecio del mundo. Dando a otros este ejemplo, Juan abrió camino a Cristo. Muchos acudían al bautismo de Juan, pero pocos perseveraron en la profesión que habían hecho. Puede haber muchos oyentes fervorosos donde hay pocos verdaderos creyentes. La curiosidad y el amor a la novedad y a la variedad pueden llevar a muchos a asistir a buena predicación y a conmoverse por un tiempo, sin someterse jamás al poder de ella. Los que recibieron la doctrina de Juan testimonaron su arrepentimiento confesando sus pecados. Solo aquellos están listos para recibir a Jesucristo como su justicia, que son llevados con dolor y vergüenza a reconocer su culpa. Los beneficios del reino de los cielos, ya cercano, les fueron entonces sellados por el bautismo. Juan los lavó con agua, en señal de que Dios los limpiaría de todas sus iniquidades, dando a entender con ello que por naturaleza y por práctica todos estaban contaminados, y no podían ser admitidos entre el pueblo de Dios a menos que fueran lavados de sus pecados en la fuente que Cristo abriría, Zacarías 13:1.
Juan reprende a los fariseos y saduceos (
Fuente y atribución
Autor original: Religious Tract Society
Título original: Devotional and Practical Commentary — Matthew 3:1-6
Fuente original: Grace Gems
Traducido y adaptado al español por Cristo Es Todo a partir de un escrito de Religious Tract Society, publicado originalmente en Grace Gems.