Mañana y noche

El Dios que se inclina para escuchar nuestro suspiro

Dios no permanece lejano en su trono, sino que se inclina para ver nuestras aflicciones y atender tanto a nuestras necesidades temporales como espirituales.

Acaso ninguna figura de lenguaje represente a Dios bajo una luz más bondadosa que cuando se le describe inclinándose desde su trono y descendiendo del cielo para contemplar las desdichas y atender las necesidades de la humanidad. Amamos a Aquel que, cuando Sodoma y Gomorra estaban llenas de iniquidad, no quiso destruir aquellas ciudades hasta haber hecho una visita personal a ellas. No podemos por menos que derramar nuestro corazón en afecto por nuestro Señor, que inclina su oído desde la gloria más excelsa y lo pone junto al labio del pecador moribundo, cuyo corazón desfalleciente anhela la reconciliación. ¿Cómo no amarle, cuando sabemos que Él cuenta aun los cabellos de nuestra cabeza, marca nuestro camino y ordena nuestras sendas?

Especialmente se acerca esta gran verdad a nuestro corazón cuando recordamos cuán atento es, no meramente a los intereses temporales de sus criaturas, sino a sus preocupaciones espirituales. Aunque leguas de distancia separen a la criatura finita del Creador infinito, hay eslabones que unen a ambos. Cuando una lágrima es llorada por ti, Dios la contempla. "Como el padre se compadece de los hijos, así el Señor se compadece de los que le temen." Tu suspiro puede mover el corazón de Jehová; tu murmullo puede inclinar su oído hacia ti; tu oración puede detener su mano; tu fe puede mover su brazo. No pienses que Dios está sentado en lo alto sin tomar cuenta de ti. Por pobre y menesteroso que seas, el Señor piensa en ti. Porque los ojos del Señor recorren de un extremo a otro toda la tierra, para mostrarse fuerte a favor de aquellos cuyo corazón es perfecto para con Él.

Fuente y atribución

Autor original: Charles Spurgeon

Título original: September 28 — Morning

Fuente original: Grace Gems

Traducido y adaptado al español por Cristo Es Todo a partir de un escrito de Charles Spurgeon, publicado originalmente en Grace Gems.

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