Joyas devocionales de John Angell James — Volumen 7

El espíritu de Caín en las iglesias

El amor fraternal nos llama a velar unos por otros y amonestarnos con fidelidad, venciendo la indiferencia que llevó a Caín a preguntar si era guardián de su hermano.

«¿Soy yo acaso guardián de mi hermano?» Génesis 4:9

Esta fue una pregunta bastante adecuada en labios de un asesino, pero del todo impropia e inconsistente en un cristiano. El amor debería inducirnos a velar unos por otros. Hemos sido llevados a la comunión precisamente con el propósito de ser guardianes unos de otros. Debemos velar por nuestros hermanos y amonestarlos y reprenderlos según lo requieran las circunstancias.

No quiero decir que debamos escudriñar los secretos unos de otros, ni entrometernos en los asuntos ajenos, pues eso está prohibido por Dios y es abominable ante los hombres. Mucho menos deben asumir autoridad unos sobre otros y actuar como inquisidores orgullosos y tiránicos. Pero aún así debemos «exhortarnos unos a otros cada día, no sea que alguno sea endurecido por el engaño del pecado». No debemos permitir que un hermano cometa pecado u omita el deber sin amonestarlo afectuosamente. ¿Qué puede ser más obligatorio que esto? ¿Podemos acaso amar a alguien y, al mismo tiempo, verle hacer lo que sabemos le perjudicará, sin rogarle que desista? «Hermanos, si alguno es sorprendido en alguna falta, vosotros que sois espirituales restauradle con espíritu de mansedumbre».

Tomemos entonces cuidado contra ese espíritu semejante al de Caín, demasiado prevalente en nuestras iglesias, y que lleva a muchos a actuar como si sus consocios no fueran para ellos más que el extraño en los confines de la tierra.

No conozco deber más descuidado que este. Es uno de los defectos más prevalentes de los cristianos. Muchos descarriados habrían sido impedidos de apartarse lejos, si en las primeras etapas de su declinación algún hermano, que hubiera observado su estado crítico, le hubiera amonestado y advertido fiel y afectuosamente. ¡Cuánta vergüenza, angustia y desgracia se habría ahorrado al propio ofensor, y cuánto deshonor y escándalo se habría evitado a la iglesia por este solo acto de amor fiel!

Soy consciente de que es un deber difícil y abnegado, pero eso no puede excusar su negligencia. Negligenciarlo viola la ley de Cristo. El amor nos capacitará para cumplirlo.

Fuente y atribución

Autor original: John Angell James

Título original: That Cain-like spirit!

Fuente original: Grace Gems

Traducido y adaptado al español por Cristo Es Todo a partir de un escrito de John Angell James, publicado originalmente en Grace Gems.

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