Hasta que Dios se digne derramar sobre nosotros el espíritu de gracia y de súplicas, no podemos adorarle debidamente; porque Dios es Espíritu, y los que le adoran deben hacerlo en espíritu y en verdad. Cuando este espíritu ha sido dado una vez y encendido en el pecho del creyente, nunca se apaga. Es como el fuego sobre el altar de bronce, que fue dado primero por el Señor desde el cielo, y acerca del cual Dios ordenó: «El fuego arderá continuamente sobre el altar; no se apagará». Ese fuego podía bajar; podía quedar cubierto con las cenizas del sacrificio, pero nunca se permitía que se apagara por falta de combustible.
Así, a veces puede parecerte que apenas hay espíritu de oración vivo en tu pecho, y puedes sentirte tan falto de un espíritu de gracia y de súplicas como si nunca hubieras conocido sus movimientos vivos. Pero descubrirás que es extraído de tiempo en tiempo por las circunstancias. Serás colocado bajo pruebas singulares bajo las cuales no hallarás alivio sino en un trono de gracia; o Dios, en tierna misericordia, soplará de nuevo sobre tu alma con su propio Espíritu, y con su aliento vivificante reavivará aquel santo fuego que parecía sepultado bajo las cenizas de la corrupción. Ese espíritu interior de oración que él te dio en la regeneración nunca cesará, hasta que se resuelva en alabanza eterna.
Fuente y atribución
Autor original: J. C. Philpot
Título original: February 1
Fuente original: Grace Gems
Traducido y adaptado al español por Cristo Es Todo a partir de un escrito de J. C. Philpot, publicado originalmente en Grace Gems.