Sin duda, es la pregunta entre todas las más interesantes e importantes: «¿Soy, o no soy, un verdadero creyente en el Señor Jesucristo?» No decimos que el estado de duda e incertidumbre del cual nace esta indagación invalide necesariamente la evidencia de gracia que ya existe; ni quisiéramos que se infiriera que la pregunta misma indica un tono mental sano y vigoroso. Pero lo que afirmamos es que, donde existe el principio de vida y un conocimiento creciente de la plaga del corazón humano, junto con una conciencia cada vez más tierna, la pregunta brotará a veces: «¿Soy un alma viva en Cristo?»
Para capacitarnos afrontar y satisfacer esta indagación, ¡cuán bondadoso y condescendiente es Dios el Espíritu Santo! Un estado de incertidumbre respecto a la salvación personal no puede ser considerado por el creyente como el más favorable para el cultivo de la santidad personal. Aquel es, en verdad, el hijo de Dios más celestial, feliz y útil, que con la humilde confianza del gran apóstol puede decir: «Sé en quién he creído». Pero debemos admirar el amor del Espíritu al proveer para las necesidades del estado más débil de gracia. Si los santos de mayor estatura en Cristo apenas pueden simpatizar con la timidez, el temor y la flaqueza de los hijos más pequeños, no así el amante y fiel Espíritu de Dios. Él nunca está por encima de su propia obra. La parte más pequeña es demasiado preciosa para su corazón como para permitir que retire su ojo de ella por un solo instante. No es la extensión del territorio que Él ha sujetado en el alma lo que más le estremece de gozo —esto lo perfeccionará con seguridad—, sino el haber efectuado una entrada y haberse establecido permanentemente allí. ¿Es posible, entonces, que el brote más tierno de gracia, o el destello más tenue de luz en el alma, pueda serle indiferente? ¡Ah, no! ¿Despreciaría Tiziano un cuadro sobre cuyo contorno hubiera estampado la huella de su genio, porque sus pinceladas no estuvieran terminadas? ¿Destruiría Canova su escultura, casi respirando vida, porque sus cincelados estuvieran inconclusos? ¿Y el Espíritu Santo, al trazar la semejanza moral de Dios sobre el alma, al modelar la mente para el cielo, habrá de menospreciar esta, su obra maestra de sabiduría y poder, por su presente inconclusión? ¡No! El contorno más tenue de la imagen divina, la formación más tosca de la naturaleza divina en el hombre, presenta a sus ojos más belleza, simetría y habilidad que las pinceladas más finas de la naturaleza.
Fuente y atribución
Autor original: Octavius Winslow
Título original: Evening Thoughts - April 15
Fuente original: Grace Gems
Traducido y adaptado al español por Cristo Es Todo a partir de un escrito de Octavius Winslow, publicado originalmente en Grace Gems.