El bendito Espíritu, como preparación necesaria para su propia instrucción divina, nos convence de nuestra ignorancia, del velo de incredulidad que por naturaleza está extendido sobre nuestro corazón, y de nuestra total incapacidad para quitarlo. Tan grande es esta oscuridad, como experiencia personal e interior, que como la oscuridad en Egipto, tan densa que podía "palparse"; tan profunda esta ignorancia que todo conocimiento o capacidad de conocimiento parece del todo ido; tan fuerte, tan desesperada esta incredulidad que parece del todo incurable.
Y, con todo, en medio de toda esta nube profunda y densa de ignorancia, tinieblas e incredulidad, rayos y haces de luz irrumpen de vez en cuando, que, aunque parezcan al momento sólo mostrar la oscuridad y hacerla más profunda, en realidad son una luz que guía al trono de Dios y del Cordero. Allí Jesús está entronizado en gloria, no sólo como Sacerdote intercesor que salva, no sólo como Rey exaltado que rige, sino como Profetísimo gracioso que enseña. Así, en la experiencia del alma, conforme se siente el velo grueso y fuerte sobre el corazón, hay un volverse al Señor con oración y súplica para que lo quite; y, en respuesta a la oración, él se digna hacerlo, y se ve luz en su luz, su verdad destila con sazón y dulzura en el alma, y la palabra de su gracia rige y regula el corazón, los labios y la vida.
Fuente y atribución
Autor original: J. C. Philpot
Título original: September 29
Fuente original: Grace Gems
Traducido y adaptado al español por Cristo Es Todo a partir de un escrito de J. C. Philpot, publicado originalmente en Grace Gems.