¿Qué corazón puede concebir o lengua contar los triunfos diarios y horarios de la gracia invencible del Señor Jesucristo? Apenas vemos la millonésima parte de lo que él, como Rey en su trono, hace cada día; y, con todo, vemos bastante para saber que vive siempre a la diestra de Dios, y vive para salvar y bendecir.
¡Qué multitud de peticionarios necesitados rodea cada momento su trono! ¡Qué urgencias y miserias que responder; qué penas y duelos lacerantes que mitigar; qué corazones rotos que vendar; qué conciencias heridas que sanar; qué innumerables oraciones que oír; qué peticiones fervientes que conceder; qué enemigos obstinados que someter; qué temores culpables que aquietar! ¡Qué gracia, qué bondad, qué paciencia, qué compasión, qué misericordia, qué amor, y con todo qué poder y autoridad despliega este Soberano Todopoderoso! Ninguna circunstancia es demasiado trivial; ningún peticionario demasiado insignificante; ningún caso demasiado difícil; ninguna dificultad demasiado grande; ningún buscador demasiado importuno; ningún mendigo demasiado harapiento; ningún arruinado demasiado insolvente; ningún deudor demasiado quebrado, para que él no lo note y no lo socorra.
Sentado en su trono de gracia, su ojo que todo lo ve contempla todo, su mano todopoderosa todo lo abraza, y su corazón amoroso abraza a todos cuantos el Padre le dio por pacto, a cuantos él mismo redimió con su sangre y a cuantos el bendito Espíritu avivó a vida con su poder invencible. Los sin esperanza, los desamparados; los proscritos de quienes nadie se cuida; los zarandeados por la tempestad y no consolados; los a punto de perecer; los enlutados en Sion; la viuda berevenida; el huérfano que gime; los enfermos del cuerpo y más aún del corazón; los lacerados por el dolor de cada hora; el consumido por la fiebre; el que lucha con el último combate de la muerte: ¡oh, qué muchedumbres de objetos lastimosos rodean su trono; y todos necesitan una mirada de sus ojos, una palabra de sus labios, una sonrisa de su rostro, un toque de su mano! ¡Oh, si pudiéramos ver lo que es su gracia, lo que tiene, lo que hace; y si pudiéramos sentir más lo que obra en y para nosotros mismos, tendríamos visiones más subidas del reinado de la gracia ejercido ahora en lo alto por el Rey entronizado de Sion!
Fuente y atribución
Autor original: J. C. Philpot
Título original: September 30
Fuente original: Grace Gems
Traducido y adaptado al español por Cristo Es Todo a partir de un escrito de J. C. Philpot, publicado originalmente en Grace Gems.