La vida de Cristo para cada día

El Evangelio que trae división antes que la paz

El Señor Jesús es llamado Príncipe de paz, pero vino a traer división antes que paz, porque la maldad del hombre se opone a las doctrinas del Evangelio santo.

El Señor Jesús es llamado el Príncipe de paz; sin embargo, no vino a traer paz en la tierra, sino más bien división. ¿No es esto sorprendente? ¿Cómo podemos entender el canto de los ángeles, que se unieron en coro en su nacimiento diciendo: "Paz en la tierra, buena voluntad para con los hombres"? La dificultad, sin embargo, puede explicarse.

Jesús vino a traer primero divisiones, y después paz. ¿Y por qué trajo primero divisiones? ¿Por qué no paz de principio a fin? Porque la maldad del hombre se opone a las doctrinas pacíficas del santo Evangelio. ¿Puede algo mostrar con mayor claridad la depravación del corazón humano que la manera en que el Evangelio ha sido recibido por el mundo? Si alguno duda de que el hombre es muy malvado y muy alejado de la justicia original, reflexione en este hecho. Si el perdón fuera ahora ofrecido a los espíritus malignos en tinieblas, ¿podrían rechazar el don con más desprecio que el mundo en general ha rechazado la oferta de perdón del Evangelio? Pero el mundo no se ha contentado con rechazarlo, sino que ha perseguido a esos pocos dichosos que lo han aceptado. Aun hoy difícilmente se halla una familia numerosa en la que todos hayan abrazado la graciosa oferta. En muchas familias no hay ninguno; en otras, hay uno o dos que han creído, mientras el resto desprecia tanto el mensaje como a los que creen en él. A veces es un padre piadoso despreciado por sus hijos irreflexivos; a veces un hijo piadoso contrariado por su padre mundano. Las naciones están divididas del mismo modo que las familias. Ningunas guerras han sido tan amargas como las guerras religiosas; ninguna persecución tan sangrienta como las persecuciones religiosas, o mejor dicho, las persecuciones DE los religiosos. ¿Pensaremos mal de la religión porque produce estos efectos? Tan bien podríamos juzgar dañosos los medicamentos del médico, porque al principio a menudo aumentan los sufrimientos del enfermo. El Señor Jesús, que previó todos los acontecimientos, se regocijó de que su Evangelio fuera predicado en toda tierra.

Dijo: "Fuego vine a echar en la tierra; ¿y qué quiero, si ya se ha encendido?" ¿Cuál es el sentido de estas palabras? "¿Qué quiero?" ¿Deseo que sea de otro modo? "Si ya se ha encendido," si aun ahora el Evangelio ha comenzado a producir confusión. El Príncipe de paz quiso que por un tiempo prevaleciera la confusión, para que al fin la felicidad llenara la tierra y durara para siempre. Estuvo dispuesto a soportar él mismo los sufrimientos más amargos, para después ser exaltado a la diestra de Dios. El bautismo que anhelaba era un bautismo de sangre. Bañado en su propia sangre, sufrió por nuestros pecados en Getsemaní y en el Calvario. Estaba constreñido hasta que este bautismo se cumpliera. Anhelaba terminar su obra y recibir su recompensa; y ahora anhela el tiempo en que la tierra ya no esté empapada de sangre, sino cubierta por las aguas de la justicia. Nos ha mandado orar por aquel tiempo glorioso y decir: "Venga tu reino." En aquellos días "el justo florecerá, y abundancia de paz mientras dure la luna." (Sal. 72:7.) Cuando Jesús venga por segunda vez, pondrá fin a toda división, ya sea en las familias o entre las naciones. "No se oirá más violencia en tu tierra, wasting ni destrucción dentro de tus fronteras." Por este día delicioso los santos esperan con ardor, y "con paciencia aguardan." (Rom. 8:25.)

Fuente y atribución

Autor original: F. L. Mortimer

Título original: Christ foretells that the Gospel will occasion divisions

Fuente original: Grace Gems

Traducido y adaptado al español por Cristo Es Todo a partir de un escrito de F. L. Mortimer, publicado originalmente en Grace Gems.

Comparte esta lectura