Pero, ¿qué restitución puede hacer el que esparce las teas del error o las brasas de la pasión, y prende las almas de los hombres con el fuego del infierno? La culpa es incalculable, y el resultado es irreparable. Si tal ofensor es perdonado, ¡qué dolor le causará en el recuerdo, ya que no puede deshacer el gran daño que ha hecho!
Un mal ejemplo puede encender una llama de pecado que años de arrepentimiento no logren apagar. Quemar la casa de un hombre es ya bastante malo, pero ¡cuánto peor condenar su alma! Nos puede ser útil reflexionar hasta qué punto podemos haber sido culpables en el pasado, e indagar si, aun en el presente, no hay en nosotros algún mal que tienda a causar daño a las almas de nuestros parientes, amigos o vecinos.
El fuego de la discordia es un mal terrible cuando estalla en una iglesia cristiana. Donde los convertidos se multiplicaban y Dios era glorificado, los celos y la envidia hacen la obra del diablo con eficacia consumada. Donde el grano de oro estaba siendo almacenado, el fuego de la enemistad entra y no deja poco más que humo y un montón de negrura: ¡pobre recompensa para el esfuerzo del gran Boaz!
¡Ay de aquellos por quienes vienen las ofensas! Que nunca vengan por nosotros, pues aunque no podemos restituir, con seguridad seremos los principales sufrientes si somos los principales ofensores. Los que alimentan el fuego merecen justa censura. Pero el que primero lo enciende es el más culpable. La discordia suele asir primero los espinos; se cría entre los hipócritas y los falsos profesos de la iglesia, y de allí se va entre los justos, soplando los vientos del infierno, ¡y nadie sabe dónde terminará!
Oh Señor y dador de paz, haznos hacedores de paz, y nunca permitas que ayudemos y fomentemos a los hombres de contienda, ni siquiera que causemos de modo involuntario la menor división entre Tu pueblo.
Fuente y atribución
Autor original: Charles Spurgeon
Título original: August 24 — Evening
Fuente original: Grace Gems
Traducido y adaptado al español por Cristo Es Todo a partir de un escrito de Charles Spurgeon, publicado originalmente en Grace Gems.