¡Qué aliento para el corazón del creyente es el deleite que Dios tiene en sus santos! No vemos en nosotros mismos ninguna razón por la cual el Señor debiera deleitarse en nosotros; no podemos deleitarnos en nosotros mismos, pues a menudo tenemos que gemir, agobiados; conscientes de nuestra pecaminosidad, y deplorando nuestra infidelidad. Y temamos que el pueblo de Dios tampoco pueda deleitarse mucho en nosotros, pues deben percibir tantas de nuestras imperfecciones y nuestras locuras, que más bien lamentarán nuestras flaquezas que admirarán nuestras gracias.
Pero nos encanta detenernos en esta verdad trascendente, este misterio glorioso: que como el esposo se regocija sobre la esposa, así el Señor se regocija sobre nosotros. No leemos en ninguna parte que Dios se deleite en los montes cubiertos de nubes, ni en las estrellas centelleantes; pero sí leemos que Él se deleita en las partes habitables de la tierra, y que sus delicias están con los hijos de los hombres. No encontramos escrito que ni siquiera los ángeles den deleite a su alma; ni dice Él, acerca de los querubines y serafines: «Tú serás llamada Hefzibá, porque el Señor se deleita en ti»; pero sí dice todo eso a pobres criaturas caídas como nosotros, envilecidas y depravadas por el pecado, pero salvadas, exaltadas y glorificadas por su gracia.
¡Con qué lenguaje tan fuerte expresa su deleite en su pueblo! ¿Quién podría haber concebido al Eterno prorrumpiendo en un cántico? Sin embargo, está escrito: «Se regocijará sobre ti con gozo, se regocijará sobre ti con cánticos». Al mirar el mundo que Él había hecho, dijo: «Es muy bueno»; pero cuando contempló a aquellos que son el precio de la sangre de Jesús, sus propios escogidos, pareció como si el gran corazón del Infinito ya no pudiera contenerse, sino que se desbordara en exclamaciones divinas de gozo. ¿No deberíamos nosotros elevar nuestra agradecida respuesta a tan maravillosa declaración de su amor, y cantar: «Me regocijaré en el Señor, me regocijaré en el Dios de mi salvación»?
Fuente y atribución
Autor original: Charles Spurgeon
Título original: September 21 — Morning
Fuente original: Grace Gems
Traducido y adaptado al español por Cristo Es Todo a partir de un escrito de Charles Spurgeon, publicado originalmente en Grace Gems.