Alégrate de corazón, oh creyente; pero cuida que tu gozo tenga su manantial en el Señor. Tienes mucho motivo de gozo en tu Dios, pues puedes cantar con David: «¡Dios, mi gozo sobremanera!». Alégrate de que el Señor reina, ¡que Jehová es Rey! Regocíjate de que Él se sienta sobre el trono y gobierna todas las cosas.
Todo atributo de Dios debería convertirse en un nuevo rayo en la luz de nuestro gozo. Que Él es sabio debería alegrarnos, pues sabemos nuestra propia necedad. Que Él es poderoso debería hacernos regocijar a los que temblamos ante nuestra debilidad. Que Él es eterno debería ser siempre un tema de gozo cuando sabemos que nos marchitamos como la hierba. Que Él es inmutable debería darnos perpetuamente un cántico, puesto que nosotros cambiamos a cada hora. Que Él es lleno de gracia, que Él rebosa de ella, y que esta gracia del pacto nos la ha dado; que es nuestra para limpiarnos, nuestra para guardarnos, nuestra para santificarnos, nuestra para perfeccionarnos, nuestra para llevarnos a la gloria; todo esto debe tendernos a hacernos gozosos en Él.
Este gozo en Dios es como un río profundo: hasta ahora solo hemos tocado su orilla, conocemos un poco de sus corrientes claras, dulces y celestiales; pero más adelante la profundidad es mayor, y la corriente más impetuosa en su gozo.
El cristiano siente que puede deleitarse no solo en lo que Dios es, sino también en todo lo que Dios ha hecho en el pasado. Los Salmos nos muestran que el pueblo de Dios en los tiempos antiguos solía pensar mucho en las misericordias pasadas de Dios y tener un cántico acerca de cada una de ellas. ¡Así pues, que el pueblo de Dios repase ahora las hazañas del Señor! Que cuenten sus actos poderosos, y «canten al Señor, porque se ha engrandecido triunfante».
Ni cesen jamás de cantar, pues así como nuevas misericordias fluyen a ellos día tras día, así también su gozo en los actos amorosos del Señor en la providencia y en la gracia debe manifestarse en una continua acción de gracias. ¡Alegraos, oh hijos de Sion, y regocijaos en el Señor vuestro Dios!
Fuente y atribución
Autor original: Charles Spurgeon
Título original: September 22 — Morning
Fuente original: Grace Gems
Traducido y adaptado al español por Cristo Es Todo a partir de un escrito de Charles Spurgeon, publicado originalmente en Grace Gems.