Pensamientos vespertinos

El gozo eterno que aguarda a los redimidos

En la gloria no entrará ningún mal, y el lugar central será la visión plena de Jesús; lo que ahora vemos por la fe de manera fugaz será entonces un gozo eterno y sin nubes.

La ausencia de todo mal será una característica eminente de la gloria venidera. Pensemos en el largo catálogo de males que sufrimos aquí: los cuidados que corroen, las ansiedades que agitan, los dolores que deprimen, los quebrantos que hieren, las enfermedades que consumen, las tentaciones que asaltan. En una palabra, todo lo que aflige a un alma sensible tendrá su fin allí: nada de eso entrará jamás en la gloria. «Enjugará Dios toda lágrima de sus ojos, y ya no habrá muerte, ni dolor, ni llanto».

A la ausencia de todo mal sucederá la presencia de todo bien, y en primer término la visión plena y sin nubes de Jesús. Ahora lo vemos por el telescopio de la fe, y ¡cuán amable se nos aparece! Aunque la visión sea distante y velada, su brillo eclipsa por un momento cualquier otro objeto. Estos son momentos felices, pero breves: alguna niebla terrena se interpone en nuestro lente y la visión desaparece. No obstante, no se pierde; como las estrellas que se ocultan un tiempo y vuelven a brillar con mayor resplandor, así retornará cada visión que hayamos tenido de Cristo.

El ojo que una vez contempló al Salvador no lo perderá jamás de vista. Pueden interponerse noches largas y lúgubres, pero pasarán, la visión volverá y «le veremos tal como Él es». Si ahora los vislumbres lejanos del Cristo glorificado nos arrebatan, ¿cuál será el efecto cuando le veamos cara a cara? Allí la tristeza huirá y el gozo será eterno.

Fuente y atribución

Autor original: Octavius Winslow

Título original: Evening Thoughts - June 24

Fuente original: Grace Gems

Traducido y adaptado al español por Cristo Es Todo a partir de un escrito de Octavius Winslow, publicado originalmente en Grace Gems.

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