¡El hogar es la esfera propia de la acción y la influencia de la mujer!
Pocos términos hay en el idioma en torno a los cuales se agrupan tantas asociaciones dichosas como aquella delicia de todo corazón: la palabra HOGAR.
El paraíso del amor.
El semillero de la virtud.
El jardín del gozo.
El templo de la armonía.
El círculo de toda relación tierna.
El patio de juego de la niñez.
La morada de la edad adulta.
El refugio de la vejez.
El HOGAR es donde la salud goza sus placeres, la riqueza se deleita en sus lujos y la pobreza soporta sus rigores; donde la enfermedad mejor soporta sus dolores y la naturaleza que se apaga entrega su último aliento; echa su hechizo sobre quienes están dentro de su círculo encantado y aun envía sus atractivos a través de océanos y continentes, atrayendo hacia sí los pensamientos y los deseos del hombre que vaga lejos de ella hasta el extremo opuesto del globo. Esto, el hogar, dulce hogar, ¡es la esfera de la misión de la mujer casada!
¿Es alguna desventaja para la mujer, alguna mengua de su importancia, el situar allí su esfera de acción e influencia? ¿Es asignarle un círculo de influencia indigno de ella, el llamarla a presidir aquel pequeño hogar? ¿Calcularemos la importancia de semejante escenario de acción? ¿Hablaríamos de los variados y trascendentales intereses que se incluyen en ese círculo? ¿Hablaríamos de la felicidad de un esposo, cuya dicha, en tan gran medida, es creada por ella misma, y que entraña su propia felicidad; o del carácter y del bienestar futuro, para ambos mundos, de sus hijos?
Es privilegio de la mujer…
hacer de un hogar así un asiento de santidad y felicidad;
llenar una esfera así con una influencia tan dulce y sagrada;
echar el hechizo del deleite conyugal y de la influencia materna sobre un hogar así; iluminar tantos rostros con gozo; llenar tantos corazones de contentamiento y preparar tantos caracteres para su futuro cometido en la vida.
Uno de los espectáculos más santos, amables y bellos de nuestro mundo es una mujer en su hogar, desempeñando con toda la mansedumbre de la sabiduría los diversos deberes de esposa y madre, con un orden que nada se permite alterar; una paciencia que nada puede agotar; un afecto que jamás se turba; y una perseverancia que ninguna dificultad puede interrumpir, ni ninguna decepción detener!
Fuente y atribución
Autor original: John Angell James
Título original: Home, sweet home
Fuente original: Grace Gems
Traducido y adaptado al español por Cristo Es Todo a partir de un escrito de John Angell James, publicado originalmente en Grace Gems.