¡Jóvenes mujeres! Reflexionen profundamente en que el carácter para toda la vida suele formarse en la juventud. Es la temporada dorada de la vida, y para nadie más verdadera y eminentemente así que para la joven. Su descanso, su libertad de cuidados y su situación protegida le dan la oportunidad para ello, que es de su sabiduría y de su deber considerar, abrazar y aprovechar.
Emprendan la vida con una profunda convicción de la trascendental importancia del dominio propio. Que su mente, su corazón, su conciencia sean el objeto principal de su solicitud. Fundamente todas sus excelencias en la verdadera religión: la religión del corazón, la religión del arrepentimiento, la fe en Cristo, el amor a Dios, una mente santa y celestial.
Ningún carácter puede estar bien construido, ser seguro, completo, hermoso ni útil, sin esto.
Cultiven una disposición reflexiva y meditativa. Miren por debajo de la superficie de las cosas, más allá de su aspecto presente hacia sus consecuencias futuras. Sean algo contemplativas, y aprendan a refrenar sus palabras y sus sentimientos mediante un riguroso dominio propio. Presten la más cuidadosa atención a su genio, y adquieran, en lo posible, su perfecto dominio. Más mujeres son hechas desdichadas, y hacen desdichados a otros, por descuido de esto que, quizá, por ninguna otra causa. Que la mansedumbre de carácter y la suavidad de modales sean un estudio constante.
Estas son las amabilidades de la mujer, que la preparan para su futura situación mucho mejor que los aires audaces, imponentes y entrometidos de quienes malentienden el secreto de la influencia femenina.
Contentamiento y paciencia; abnegación y sumisión; humildad y subordinación; prudencia y discreción, son todas virtudes cuyas semillas deben sembrar en la temprana juventud, para que sus frutos sazonados puedan cosecharse en la vida futura.
La benevolencia de corazón y la bondad de carácter deben estar entre sus primeros estudios, los objetos más prominentes de su búsqueda y sus empeños más laboriosos, pues son las virtudes que en su madurez habrán de formar la excelencia del carácter cristiano y constituirla en la compañera apta para un esposo.
Hagan subordinar los logros mundanos a las excelencias más sustanciales. Y así como los asuntos de gusto intelectual deben tenerse en menos estima que el estado del corazón y la formación del carácter moral, de igual modo los adornos corporales deben estimarse en menor grado que los de la mente.
Para prepararse a desempeñar los deberes de su futura misión con facilidad para ustedes mismas, con satisfacción para un esposo y con bienestar para un hogar, presten atención a las virtudes menores: puntualidad, amor al orden y eficiencia. Todas son de inmensa importancia; la falta de ellas en la cabeza femenina de una familia llenará necesariamente el hogar de confusión y los corazones de sus habitantes de tristeza. Emprendan la vida con una profunda convicción de la importancia de los hábitos, y con el recuerdo constante de que los hábitos para toda la vida se forman en la juventud y de que estos hábitos, si no se adquieren entonces, probablemente nunca se adquirirán.
Aspiren a la excelencia universal. Hagan bien las cosas pequeñas. Eviten con suma cautela un modo descuidado, perezoso y negligente de hacer cualquier cosa digna de hacerse.
Jóvenes mujeres, toda su vida futura ilustrará y confirmará la verdad y el acierto de este consejo, ya sea por el bienestar y la utilidad que resulten de atender a él, o por las miserias que padecerán ustedes mismas e infligirán a otros si permiten que caiga en el olvido.
Fuente y atribución
Autor original: John Angell James
Título original: Young women!
Fuente original: Grace Gems
Traducido y adaptado al español por Cristo Es Todo a partir de un escrito de John Angell James, publicado originalmente en Grace Gems.