Mañana y noche

El lamento del mar y la esperanza del creyente

El mar, con sus tormentas y sus muertos, proclama que este mundo no es nuestro reposo; dirigimos el rostro hacia la tierra donde ya no habrá mar.

Poco sabemos del dolor que puede haber en este momento sobre el mar. Estamos a salvo en nuestro aposento tranquilo; pero lejos, en el mar salado, el huracán puede estar buscando cruelmente las vidas de los hombres. ¡Oíd cómo aúllan los demonios de muerte entre la tormenta; cómo vibra cada madero cuando las olas golpean como arietes contra el barco! ¡Dios os ayude, pobres empapados y cansados! Mi oración sube al gran Señor del mar y de la tierra, para que Él convierta la tempestad en calma y os lleve al puerto que deseáis.

Ni debería yo ofrecer solo oración; debiera tratar de beneficiar a aquellos hombres recios que arriesgan su vida tan de continuo. ¿He hecho yo algo alguna vez por ellos? ¿Qué puedo hacer? ¡Con cuánta frecuencia el mar borrascoso se traga al marinero! Miles de cadáveres yacen donde las perlas descansan en lo profundo. Hay dolor de muerte sobre el mar, que se hace eco en el largo lamento de viudas y huérfanos. La sal del mar está en muchos ojos de madres y esposas. ¡Olas despiadadas, habéis devorado el amor de las mujeres y el sostén de los hogares!

¡Qué resurrección habrá desde las cavernas del abismo, cuando el mar entregue sus muertos! Hasta entonces, habrá dolor sobre el mar. Como en simpatía con las desdichas de la tierra, el mar se afana sin cesar a lo largo de mil orillas, lamentando con un grito triste como el de sus propias aves, bramando con un golpe hueco de inquietud, rugiendo con bullicioso descontento, rechinando con áspera ira, o alborotando con las voces de diez mil cantarillas murmuradoras.

El bramido del mar puede ser gozoso para un espíritu regocijado; pero para el hijo del dolor, el ancho, ancho océano es aún más desolado que el ancho, ancho mundo. Este no es nuestro reposo, y las olas inquietas nos lo dicen. Hay una tierra donde ya no hay mar; nuestro rostro está firmemente vuelto hacia ella; vamos al lugar del cual el Señor ha hablado. Hasta entonces, echamos nuestras penas sobre el Señor que pisó antaño el mar, y que abre camino para Su pueblo por sus profundidades.

Fuente y atribución

Autor original: Charles Spurgeon

Título original: September 7 — Evening

Fuente original: Grace Gems

Traducido y adaptado al español por Cristo Es Todo a partir de un escrito de Charles Spurgeon, publicado originalmente en Grace Gems.

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