Nuestro fruto procede de nuestro Dios en cuanto a la unión. El fruto de la rama se remonta directamente a la raíz. Córtese la conexión, la rama muere y no se produce fruto. En virtud de nuestra unión con Cristo, damos fruto. Cada racimo de uvas estuvo primero en la raíz, pasó por el tronco, corrió por los vasos de la savia y se formó exteriormente en fruto; pero primero estuvo en el tronco. Así también toda buena obra estuvo primero en Cristo, y luego es producida en nosotros. Oh cristiano, aprecia esta unión preciosa con Cristo, pues ha de ser la fuente de toda la fructificación que puedas esperar conocer. Si no estuvieras unido a Jesucristo, serías una rama estéril en verdad.
Nuestro fruto proviene de Dios en cuanto a la providencia espiritual. Cuando las gotas de rocío caen del cielo, cuando la nube mira desde lo alto y está a punto de destilar su tesoro líquido, cuando el sol brillante hincha los granos del racimo, cada bendición celestial puede susurrar al árbol y decir: «De Mí es hallado tu fruto». El fruto debe mucho a la raíz, eso es esencial para la fructificación, pero también debe muchísimo a las influencias externas. ¡Cuánto le debemos a la providencia-gracia de Dios, en la cual Él nos provee constantemente de vivificación, enseñanza, consolación, fortaleza y todo cuanto más necesitamos! A esto le debemos todo cuanto tenemos de utilidad o de virtud.
Nuestro fruto proviene de Dios en cuanto a la sabia labranza. El cuchillo afilado del jardinero fomenta la fructificación del árbol, aclarando los racimos y cortando los brotes superfluos. Así ocurre, cristiano, con aquella poda que el Señor te da. «Yo soy la vid verdadera, y Mi Padre es el labrador. Todo pámpano en Mí que no lleva fruto, lo quita; y todo el que lleva fruto, lo limpia, para que lleve más fruto». Puesto que nuestro Dios es el autor de nuestras gracias espirituales, ¡demos a Él toda la gloria de nuestra salvación!
Fuente y atribución
Autor original: Charles Spurgeon
Título original: September 8 — Morning
Fuente original: Grace Gems
Traducido y adaptado al español por Cristo Es Todo a partir de un escrito de Charles Spurgeon, publicado originalmente en Grace Gems.