En la resurrección de Cristo, como en nuestra salvación, no se puso en ejercicio nada menos que un poder divino. ¿Qué diremos de quienes piensan que la conversión es obrada por el libre albedrío del hombre y se debe a su propia bondad de disposición? Cuando veamos a los muertos levantarse de la tumba por su propio poder, entonces podremos esperar ver a pecadores impíos volverse a Cristo por su propia voluntad. No es la palabra predicada ni la palabra leída en sí mismas; todo poder vivificador procede del Espíritu Santo.
Este poder fue irresistible. Todos los soldados y los sumos sacerdotes no pudieron retener el cuerpo de Cristo en el sepulcro; la Muerte misma no pudo retener a Jesús en sus lazos; así de irresistible es el poder puesto en ejercicio en el creyente cuando es levantado a novedad de vida. Ningún pecado, ninguna corrupción, ningún demonio en el infierno ni pecador alguno en la tierra puede detener la mano de la gracia de Dios cuando su propósito es convertir a un hombre. Si Dios dice omnipotentemente: «¡Tú debes!», el hombre no podrá decir: «No quiero».
Observad que el poder que resucitó a Cristo de entre los muertos fue glorioso. Reflejó honra sobre Dios y causó consternación en las huestes del mal. Así hay gran gloria para Dios en la conversión de cada pecador.
Fue un poder eterno. «Cristo, resucitado de entre los muertos, ya no muere; la muerte no tiene más dominio sobre Él». Así nosotros, levantados de entre los muertos, no volvemos a nuestras obras muertas ni a nuestras viejas corrupciones, sino que vivimos para Dios. «Porque Él vive, también nosotros vivimos». «Pues hemos muerto, y nuestra vida está escondida con Cristo en Dios». «Como Cristo fue levantado de entre los muertos por la gloria del Padre, así también nosotros debemos andar en novedad de vida».
Por último, en el texto observad la unión de la nueva vida con Jesús. El mismo poder que levantó a la Cabeza obra vida en los miembros. ¡Qué bendición ser vivificados juntamente con Cristo!
Fuente y atribución
Autor original: Charles Spurgeon
Título original: September 8 — Evening
Fuente original: Grace Gems
Traducido y adaptado al español por Cristo Es Todo a partir de un escrito de Charles Spurgeon, publicado originalmente en Grace Gems.