Pensamientos vespertinos

El llamamiento celestial que eleva el alma

El llamamiento de Dios es santo, alto e irrevocable; eleva los principios y las esperanzas del creyente y trae un reflejo del cielo al alma, sostenido por la soberana gracia divina.

Consideremos algunos atributos de este llamamiento. Es, ante todo, santo. «Él nos salvó y nos llamó con llamamiento santo». Quienes son objeto de este llamamiento anhelan ser santos; para ellos el peor mal es el pecado, no una cadena de seda, sino una cadena que oprime, bajo cuyo peso gimen y de cuya esclavitud suspiran verse libres. Es también un llamamiento alto y celestial. «Prosigo a la meta, al premio del supremo llamamiento de Dios en Cristo Jesús». ¡Cómo eleva al hombre este llamamiento: sus principios, su carácter, sus propósitos, sus esperanzas! Es, en verdad, una «alta vocación». Y por ser tan celestial, introduce algo del cielo en el alma: comunica afectos, gozos y aspiraciones celestiales, y conduce al cielo mismo. Si el santo pudiera mirar tras el velo, vería una morada preparada, un trono vacante, una corona enjoyada, una túnica y una palma, listas para ser vestidas y agitadas, esperándolo en la gloria. Es, pues, un llamamiento que viene del cielo y conduce al cielo.

Es, además, un llamamiento irrevocable. «Los dones y el llamamiento de Dios son irrevocables». Dios jamás se ha arrepentido de haber escogado a los suyos; ni el Salvador se ha arrepentido de haberlos redimido; ni el Espíritu se ha arrepentido de haberlos llamado. Ni todos sus desvíos, ni sus caídas, ni su infecundidad han despertado jamás en el corazón de Dios un solo instante de arrepentimiento por haberlos llamado a ser santos. «Con vara visitaré su rebelión, y con azotes su iniquidad; mas mi misericordia no quitaré de él, ni falsearé mi verdad». «Fiel es el que os llama».

No podemos pasar por alto la soberanía divina, que resplandece de manera tan ilustre en este llamamiento. Todo motivo de gloria humana queda eliminado, y Dios se ha reservado para sí, desde la eternidad, la gloria entera de la salvación de su pueblo. Si alguno preguntara por qué uno es llamado y otro dejado, la respuesta es: «Tendré misericordia del que tendré misericordia». A esta sumisión a la soberana voluntad divina fue conducido nuestro Señor cuando contempló los misterios del evangelio velados a los sabios de este mundo: «Te alabo, Padre, Señor del cielo y de la tierra, porque escondiste estas cosas de los sabios y entendidos, y las revelaste a los niños». A esta preciosa verdad inclinémonos; y si la gracia eficaz de Dios ha alcanzado nuestro corazón, atribuyamos su elección discernidora al soberano placer de aquella voluntad divina y suprema que gobierna sobre los ejércitos de los cielos y entre los habitantes de la tierra, y a la cual ninguna criatura se atreve a preguntar: «¿Qué haces?».

Fuente y atribución

Autor original: Octavius Winslow

Título original: Evening Thoughts - June 11

Fuente original: Grace Gems

Traducido y adaptado al español por Cristo Es Todo a partir de un escrito de Octavius Winslow, publicado originalmente en Grace Gems.

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