El Maestro ha venido
"El Maestro ha venido y te llama." (Juan 11:28).
Estas palabras tan familiares y memorables fueron pronunciadas en Betania en una ocasión muy distinta a la de una temporada de Comunión. Pero pueden legítimamente y de manera apropiada adaptarse como un llamado e invitación al gran Banquete de amor.
Jesús en todo tiempo está invisiblemente cerca de su propio pueblo. Así como, sin duda, aunque sin ser visto, él notó cada lágrima de dolor en aquel hogar de Betania durante los misteriosos días de demora al otro lado del Jordán, así también desde su trono en los cielos sigue impartiendo y manifestando siempre, por su gracia y su Espíritu, el sentido consolador de su presencia. Pero hay tiempos y estaciones en que él se acerca de manera especial; y en ningún momento más cerca, ni más graciosamente, que en este su bendito Sacramento de la Comunión. En estos memoriales de su amor que sangra, él está evidente e impresionantemente manifestado crucificado y muerto. En la predicación de este bendito Evangelio oigo hablar de él. En la santa Ordenanza de la Cena tengo el privilegio de contemplarlo de manera emblemática. Allí, como en el caso de María y Marta, él me convoca a sus pies, para escuchar, en aquel terreno santificado, expresiones de amor y promesas de gloria. Él me lleva, como a ellas, a un Sepulcro, pero no es el de ningún amigo humano. Es el Sepulcro en el cual él mismo entró como mi Fiador y mi Sustituto. Es para ver la piedra del sepulcro quitada para siempre; y sobre estos símbolos de sufrimiento oírle proclamar, como hizo a las hermanas de Betania, que él mismo es la Resurrección y la Vida, y que porque él vive, su pueblo vivirá también.
¿Cómo resuena el llamado en mis oídos? "El Maestro ha venido." ¿Yo —puedo yo— responder al Nombre? ¿Soy capaz, experimentalmente, de gozarme en él como 'Rabboni, mi Maestro', un Salvador todopoderoso, cuya sangre ha comprado una plena, libre y eterna remisión de mis pecados, y cuya intercesión es tan prevaleciente a la diestra de Dios, que estoy autorizado, al encontrarme con él en esta puerta de amor de Betania, a decir con las palabras del primer dicho de Marta: "Yo sé que aun ahora, todo lo que pidas a Dios, Dios te lo dará"? ¡Sí! Esa afligida de Betania me ofrece una consigna divina, una llave de oro para la Mesa de la Comunión. Las riquezas y las promesas de la gracia estarán allí, en emblema visible, extendidas ante mí: las bendiciones atesoradas de la Salvación, escondidas en Cristo; y cualquiera que sea mi prueba, mi debilidad o mi flaqueza, soy animado a contemplar el Cetro del Rey celestial extendido, con el desafío y la invitación: "¿Cuál es tu petición, y cuál es tu demanda?"
"Oiré lo que hablará Dios el Señor; él hablará paz a su pueblo." Iré a su Ordenanza señalada, y allí descargaré y desahogaré ante él todas mis necesidades y miserias. Él no me enviará vacío. "Jesús lloró." Él derramó lágrimas de dolor mientras estaba ante Marta y María en el cementerio de Betania; pero este día él se ha de manifestar, en símbolo significativo, derramando no sus lágrimas, sino su sangre. Él me da la bendita prenda y seguridad de que, después del mayor de todos los dones y bendiciones, el don de sí mismo, me dotará libremente con toda misericordia menor. La Mesa está a punto de ser extendida; el Banquete está preparado; los bueyes y los animales engordados han sido sacrificados, y todo está listo. Al escuchar en el pensamiento, en nombre del rico Proveedor, el llamado, como si viniera de algún ángel heraldo: "El Maestro ha venido y te llama", sea mío responder: "Entraré en tu casa con holocaustos; te pagaré mis votos." Señor, ¿a quién iré sino a ti? Tú tienes palabras de vida eterna. Llévame a tu casa de banquete, y sea tu bandera sobre mí el amor. Escóndeme en esta hendidura de la Roca, y deja que toda tu gloria pase delante de mí.
Fuente y atribución
Autor original: Horatius Bonar
Título original: Communion addresses and devotional expositions — The Master has come
Fuente original: Grace Gems
Traducido y adaptado al español por Cristo Es Todo a partir de un escrito de Horatius Bonar, publicado originalmente en Grace Gems.