El libro del predicador

El mejor auriga es el que se mantiene lejos del precipicio

Una antigua lección sobre la prudencia muestra por qué la verdadera sabiduría huye de toda apariencia de mal, no se acerca a ella.

Un gran rey requirió en cierta ocasión un auriga. Muchos candidatos buscaron este honor, y uno a uno fueron introducidos en la presencia real.

Preguntó al primero: «Si condujeras mi carro cerca de un precipicio, ¿a qué distancia podrías llevar las ruedas sin caer al abismo?» El hombre respondió que podría conducir a dos pies del precipicio sin caer.

Otro fue interrogado del mismo modo, y respondió que podía conducir con seguridad el carro a un pie del borde sin caer.

Un tercero fue preguntado de igual manera, y respondió que podía acercarse con seguridad a unas pocas pulgadas y aun así estar a salvo.

Entonces, al ser interrogado un cuarto, respondió al instante: «Si soy contratado como su auriga, consideraría mi deber mantenerme lo más lejos posible del precipicio».

El último era el mejor y el más seguro, y como tal fue contratado enseguida.

Y así mismo dice la Escritura: «¡Absteneos de toda apariencia de mal!»

Fuente y atribución

Autor original: Autor desconocido

Título original: A great King once required a charioteer

Fuente original: Grace Gems

Traducido y adaptado al español por Cristo Es Todo a partir de un escrito de Autor desconocido, publicado originalmente en Grace Gems.

Comparte esta lectura