1. ¿Cómo resucitan los muertos? es decir, ¿por qué medios? ¿Cómo pueden ser resucitados? 2. En cuanto a los cuerpos que resucitarán. ¿Será con la misma figura, forma, estatura, miembros y cualidades? La primera objeción es de los que se oponían a la doctrina; la segunda, de curiosos que dudan. A la primera, la respuesta es: esto sería realizado por el poder divino; aquel poder que todos pueden ver que hace algo semejante, año tras año, en la muerte y el renacer del grano. Es necio cuestionar el poder todopoderoso de Dios para resucitar a los muertos, cuando lo vemos cada día vivificando y resucitando cosas que están muertas. A la segunda pregunta: el grano experimenta un gran cambio; y así también los muertos, cuando resuciten y vivan de nuevo. La semilla muere, aunque una parte de ella brota a una nueva vida, aunque no podemos entender del todo cómo. Las obras de la creación y la providencia nos enseñan diariamente a ser humildes, así como a admirar la sabiduría y la bondad del Creador. Hay una gran variedad entre los demás cuerpos, así como la hay entre las plantas. Hay una variedad de gloria entre los cuerpos celestiales. Los cuerpos de los muertos, cuando resuciten, serán aptos para los cuerpos celestiales. Los cuerpos de los muertos, cuando resuciten, serán aptos para el estado celestial; y habrá entre ellos una variedad de glorias. El entierro de los muertos es como confiar la semilla a la tierra, para que vuelva a brotar de ella. Nada hay más repugnante que un cuerpo muerto. Pero los creyentes, en la resurrección, tendrán cuerpos aptos para estar unidos para siempre con espíritus hechos perfectos. Para Dios todo es posible. Él es el Autor y la Fuente de la vida espiritual y la santidad, para todo su pueblo, por la provisión de su Espíritu Santo al alma; y también vivificará y transformará el cuerpo por su Espíritu. Los muertos en Cristo no solo resucitarán, sino que resucitarán así gloriosamente transformados. Los cuerpos de los santos, cuando resuciten, serán transformados. Entonces serán cuerpos gloriosos y espirituales, aptos para el mundo y el estado celestial, donde han de morar para siempre. El cuerpo humano, en su forma presente, y con sus necesidades y debilidades, no puede entrar ni gozar del reino de Dios. Así que no sembremos para la carne, de la cual solo podemos segar corrupción. Y el cuerpo sigue el estado del alma. Por tanto, quien descuida la vida del alma, echa a perder su bien presente; quien se niega a vivir para Dios, desperdicia todo lo que tiene.
El misterio del cambio que se hará en los que vivan en la segunda venida de Cristo (
Fuente y atribución
Autor original: Religious Tract Society
Título original: Devotional and Practical Commentary — 1 Corinthians 15:35-50
Fuente original: Grace Gems
Traducido y adaptado al español por Cristo Es Todo a partir de un escrito de Religious Tract Society, publicado originalmente en Grace Gems.