¡Qué ejemplo de oro da Cristo a sus discípulos! Pocos maestros podrían atreverse a decir: «Si queréis practicar mi enseñanza, imitad mi vida». Pero como la vida de Jesús es el trasunto exacto de la virtud perfecta, Él puede señalarse a sí mismo como el dechado de santidad, además de maestro de ella. El cristiano no debe conformarse con nada menor que Cristo como modelo. Bajo ninguna circunstancia debemos contentarnos a menos que reflejemos la gracia que había en Él.
Como esposo, el cristiano ha de contemplar el retrato de Jesús, y pintar conforme a esa copia. El verdadero cristiano ha de ser tal esposo como Cristo lo fue de su Iglesia.
El amor de un esposo es un amor especial. El Señor Jesús profesa por la Iglesia un afecto peculiar, que está puesto en ella por encima del resto de la humanidad: «Yo ruego por ellos; no ruego por el mundo». La Iglesia escogida es la favorita del cielo, el tesoro de Cristo, la corona de su cabeza, el brazalete de su brazo, la coraza de su corazón, el centro y núcleo mismo de su amor.
Un esposo debe amar a su esposa con un amor constante, pues así ama Jesús a su Iglesia. Él no varía en su afecto. Puede cambiar en la manifestación de su afecto, pero el afecto mismo sigue siendo el mismo.
Un esposo debe amar a su esposa con un amor duradero, pues nada «nos podrá separar del amor de Dios, que es en Cristo Jesús nuestro Señor».
Un verdadero esposo ama a su esposa con un amor sincero, ferviente e intenso. No es un mero servicio de labios. ¡Ah! amado, ¿qué más pudo hacer Cristo en prueba de su amor que lo que ha hecho? Jesús siente un amor complacido hacia su esposa: aprecia su afecto y se deleita en ella con dulce satisfacción. Creyente, te maravillas del amor de Jesús; lo admiras: ¿lo estás imitando? En tus relaciones domésticas, ¿son la regla y la medida de tu amor «así como Cristo amó a la Iglesia»?
Fuente y atribución
Autor original: Charles Spurgeon
Título original: March 20 — Evening
Fuente original: Grace Gems
Traducido y adaptado al español por Cristo Es Todo a partir de un escrito de Charles Spurgeon, publicado originalmente en Grace Gems.