Mañana y noche

Mi amado es mío: el nombre de oro que la Iglesia ha dado a Cristo

La Iglesia de todos los tiempos ha llamado a Cristo «mi amado», y aún hoy el creyente lo ama como su único y precioso tesoro.

Este era un nombre de oro que la antigua Iglesia, en sus momentos de mayor gozo, acostumbraba dar al Ungido del Señor. Cuando había llegado el tiempo del canto de las aves y se oía la voz de la tórtola en su tierra, su nota de amor era más dulce que ambas, mientras cantaba: «Mi amado es mío, y yo soy suyo». Siempre en su cantar de los cantares le llama con ese nombre delicioso: «¡Mi amado!» Aun en el largo invierno, cuando la idolatría había secado el huerto del Señor, sus profetas hallaron espacio para dejar a un lado por una temporada su carga y decir, como Elías: «Ahora cantaré a mi muy amado un cántico de mi amado». Aunque los santos nunca habían visto su rostro, aunque aún no se había hecho carne, ni había habitado entre nosotros, ni el hombre había contemplado su gloria, con todo, Él era la consolación de Israel, la esperanza y el gozo de todos los escogidos, el «amado» de cuantos eran rectos delante del Dios Altísimo.

Nosotros, en los días de verano de la Iglesia, también acostumbramos hablar de Cristo como el más amado de nuestra alma, y sentir que Él es muy precioso, el «principal entre diez mil, y el todo amable». Tan cierto es que la Iglesia ama a Jesús y lo reclama como su amado, que el apóstate osa desafiar a todo el universo a separarla del amor de Cristo, y declara que ni persecuciones, ni angustia, ni aflicción, ni peligro, ni espada han podido lograrlo. Y no solo eso, sino que se jacta con gozo: «¡En todas estas cosas somos más que vencedores por medio de aquel que nos amó!»

¡Oh, que te conociéramos más, oh siempre precioso! Mi única posesión es tu amor. En la tierra abajo o en el cielo arriba, no tengo otro tesoro. No pido nada más.

Fuente y atribución

Autor original: Charles Spurgeon

Título original: March 20 — Morning

Fuente original: Grace Gems

Traducido y adaptado al español por Cristo Es Todo a partir de un escrito de Charles Spurgeon, publicado originalmente en Grace Gems.

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