«¡No has oído ni entendido!» Es doloroso recordar que, en cierto grado, esta acusación puede ponerse a la puerta de los creyentes, quienes con demasiada frecuencia son en cierta medida espiritualmente insensibles. Bien podemos lamentarnos de que no oímos la voz de Dios como debiéramos: «¡No has oído!» Hay movimientos suaves del Espíritu Santo en el alma que nosotros pasamos por alto. Hay susurros de mandato divino y de amor celestial que igualmente pasan inadvertidos para nuestros entendimientos embotados.
¡Ay! Hemos sido descuidadamente ignorantes: «¡No has oído ni entendido!» Hay cosas dentro de nuestros corazones que debiéramos haber visto: corrupciones que han avanzado sin ser notadas; dulces afectos que se marchitan como flores bajo la escarcha, sin que los cuidemos; destellos del rostro divino que podrían percibirse—si no hubiéramos tapiado las ventanas de nuestra alma. Pero «no hemos entendido.»
Al pensar en ello—quedamos humillados en el más profundo abatimiento de nosotros mismos. ¡Cómo debemos adorar la gracia de Dios al aprender del contexto—que toda esta necedad e ignorancia nuestra fue conocida de antemano por Dios, y que, no obstante ese previo conocimiento, todavía se ha complacido en tratarnos con misericordia! Admiremos la maravillosa gracia soberana que pudo habernos escogido—a la vista de todo esto. Maravillémonos del precio que fue pagado por nosotros—¡cuando Cristo sabía lo que habríamos de ser! El que colgó sobre la cruz nos previó como incrédulos, descarriados, fríos de corazón, indiferentes, descuidados, negligentes en la oración—y sin embargo dijo: «Yo soy Jehová tu Dios, el Santo de Israel, tu Salvador. ¡Yo te he amado!»
¡Oh redención, cuán maravillosamente resplandeciente brillas—cuando pensamos cuán negros somos! ¡Oh Espíritu Santo, danos de aquí en adelante el oído que oye, y el corazón que entiende!
Fuente y atribución
Autor original: Charles Spurgeon
Título original: December 16 — Evening
Fuente original: Grace Gems
Traducido y adaptado al español por Cristo Es Todo a partir de un escrito de Charles Spurgeon, publicado originalmente en Grace Gems.