Flores de un jardín puritano

El pecado mancha el corazón con solo rozarlo

Así como el sol broncea sin darnos cuenta el rostro del caminante, el mundo y las malas compañías obscurecen el corazón con el menor contacto con el pecado, a menos que lo cubramos con santo cuidado y busquemos la purificación de Cristo.

«Un hombre que camina al sol—su rostro se broncea sin darse cuenta. Así también, ¡nuestros corazones se contaminan con el menor contacto con el pecado!»

Hemos visto hombres bastante blancos donde sus sombreros cubrían sus frentes, y totalmente bronceados donde el sol los había mirado.

El corazón de un hombre necesita estar cubierto por doquier con un velo de santo cuidado, o el mundo se apoderará de él y lo obscurecerá con el mal.

Algunos oficios y vocaciones son como un clima tropical, y su efecto oscurecedor pronto se hace visible. Ciertas compañías lo son aún más: dejan su oscura marca aun en los mejores hombres.

A duras penas puede un hombre evitar que el mundo lo influya para mal. «Las malas compañías corrompen las buenas costumbles», a menos que se emplee de todo corazón un sagrado remedio.

Ved el efecto del mal sobre los profesos en los días de Jeremías; él dice: «Nuestros príncipes antes resplandecían de salud, más brillantes que la nieve, más blancos que la leche. Sus rostros eran rubicundos como rubíes, su apariencia como finas joyas. Pero ahora sus rostros son más negros que el hollín. Nadie los reconoce por las calles. Su piel se pega a sus huesos; está seca y dura como la madera».

Guardémonos, en cuanto podamos, para nosotros mismos, y caminemos en quietud por la vida.

Un hombre eminente, que sobrevivió a la Revolución Francesa, fue preguntado cómo escapó de la guillotina, y respondió: «Guardé silencio».

Permanezcamos, como él, dentro de casa. Si hemos de salir afuera, conviene caminar por el lado sombrío de la calle, manteniéndonos cuanto podamos fuera de la influencia del mundo. También es sabio llevar con nosotros pensamientos y sentimientos santos que sirvan como pantalla para desviar el excesivo poder del mal. No deseamos volvernos tan oscuros como los habitantes de este clima quemado por el sol, puesto que no somos contados entre ellos, sino que estamos aquí como extranjeros y forasteros.

Lávame, bendito Jesús, en ese baño sagrado que tú has preparado; pues me hará blanco para siempre. Por negro que esté de pecado ahora, entonces seré más blanco que la nieve. Renuévame, y quedaré sin mancha ni arruga, ni cosa semejante.

Fuente y atribución

Autor original: Charles Spurgeon

Título original: Our hearts are defiled by the slightest contact with sin!

Fuente original: Grace Gems

Traducido y adaptado al español por Cristo Es Todo a partir de un escrito de Charles Spurgeon, publicado originalmente en Grace Gems.

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