«¿No fueron limpiados los diez? ¿Dónde están los otros nueve?», preguntó Jesús. Lucas 17:17
Solo un leproso regresó para dar gracias a Dios; nueve siguieron su camino, olvidadizos e ingratos. ¿Y por qué fue así?
Quizás conocían el peligro de comprometerse con Jesús, sabían que Él era vigilado de cerca y cruelmente sospechado. Quizás sabían que aun recibir de Él una sanidad era en sí mismo una ofensa para muchos. Señor mío, busco la gracia para no ser tan cobarde.
Quizás temían que ahora el Maestro tendría un derecho sobre ellos y comenzaría a reclamarlo. Quien les había devuelto la salud podría exigirles su lealtad; y ellos no estaban dispuestos a concederla. Señor mío, quisiera ser más consagrado que ellos.
Quizás los invadió el deseo de mezclarse con el mundo, de volver a sus asuntos, de desempeñar su papel en sus negocios. Impacientaban ante las demoras que los apartaban del adelanto de sus propios intereses. Señor mío, quisiera aprender a aborrecer tal egoísmo.
Quizás pensaron que solo habían recibido lo que les correspondía. La enfermedad repugnante era una injusticia y un agravio, la salud era su derecho, y no tenían por qué sentir una profunda gratitud. Ah, Señor mío, enséñame a velar contra esta soberbia y este orgullo.
Quizás se dijeron a sí mismos que su Bienhechor ya no les era necesario. La presión de la necesidad urgente había pasado, y su desaparición marca una enorme diferencia. Señor mío, que yo esté siempre inclinado en tu favor. Que jamás olvide tus beneficios.
¡No hay pecado más oscuro que la ingratitud! Señor, te ruego que me salves de ella.
Fuente y atribución
Autor original: Alexander Smellie
Título original: The Hour of Silence — Luke 17:17
Fuente original: Grace Gems
Traducido y adaptado al español por Cristo Es Todo a partir de un escrito de Alexander Smellie, publicado originalmente en Grace Gems.