Entre todos los males que yacen desnudos y patentes ante los ojos de aquel con quien tenemos que ver, la soberbia parece incurrir de manera especial su santo aborrecimiento; y sus manifestaciones exteriores han atraído, quizá tanto o más que cualquier otro pecado, sus marcados rayos. La soberbia le costó a Senaquerib su ejército y a Herodes su vida; la soberbia abrió la tierra para Coré, Datán y Abiram, y colgó a Absalón de las ramas de una encina; la soberbia llenó el pecho de Saúl de odio asesino contra David, y arrancó de un solo golpe diez tribus de la mano de Roboam. La soberbia arrojó a Nabucodonosor de la compañía de sus semejantes, y le hizo comer hierba como los bueyes, y su cuerpo se mojó con el rocío del cielo, hasta que sus cabellos crecieron como plumas de águila, y sus uñas como garras de aves.
Y así como ha cortado a los impíos de la tierra, sin dejarles hijo ni sobrino, raíz ni rama, así ha causado gran estrago aun en la familia de Dios. La soberbia excluyó a Aarón de la tierra prometida, e hizo leprosa a Miriam; la soberbia, obrando en el corazón de David, trajo una pestilencia que segó setenta mil hombres; la soberbia llevó cautiva a Babilonia el tesoro y los descendientes de Ezequías, y arrojó a Jonás al vientre de la ballena y, en su sentir, al mismo vientre del infierno.
Es la única fuente de contienda; el seguro precursor de una caída; el instigador de la persecución; un lazo para los pies; una cadena que rodea todo el cuerpo; el elemento principal del engaño, y la tumba de toda rectitud. Lo totalmente opuesto a la caridad, la soberbia no es paciente y nunca es bondadosa; siempre envidia y siempre se jacta de sí misma; está continuamente envanecida, siempre se comporta indecorosamente, siempre busca lo suyo, fácilmente se irrita, piensa perpetuamente el mal, se goza en la iniquidad, pero no se goza en la verdad; no sufre nada, no cree nada bueno de un hermano, no espera nada, no soporta nada. Siempre inquieta y siempre miserable, atormentándose a sí misma y atormentando a otros, la plaga de las iglesias, la fomentadora de la discordia y el apagador del amor; sea nuestra sabiduría verla, sea nuestra gracia aborrecerla y sea nuestra victoria vencerla.
Fuente y atribución
Autor original: J. C. Philpot
Título original: July 6
Fuente original: Grace Gems
Traducido y adaptado al español por Cristo Es Todo a partir de un escrito de J. C. Philpot, publicado originalmente en Grace Gems.