Palabras diarias para los peregrinos de Sion

La vida eterna que Cristo da ahora

El Señor da vida eterna a sus ovejas no en el más allá, sino ahora, como posesión presente y sentida; y la eternidad de su amor la hace inmutable, firme y estable para todos los herederos de la promesa.

El Señor dice: Yo les doy, esto es, a mis ovejas, vida eterna; no, yo les daré en la vida venidera, sino yo se la doy ahora. Leemos, por tanto, El que cree en el Hijo tiene vida eterna; la tiene ahora, como una posesión presente, sentida y disfrutada. Esta vida se da de manera manifiesta cuando Cristo se revela al alma; pues entonces la vida eterna se recibe de su plenitud como una posesión gozada. Todos, pues, los que han huido verdaderamente para refugiarse, para asir la esperanza puesta delante, abrazan al hacerlo la vida eterna. Viven, por estar manifiestamente en Cristo, pues él es nuestra vida; y al abrazarla en él, sienten sus dulces movimientos en el pecho, en el gozo que comunica, en la paz que imparte, en las perspectivas que abre, en las dudas que quita, en los temores que dispersa.

Así, en la religión verdadera hay algo, si puedo hablar así, tangible, algo de lo cual echar mano; y esto distingue una buena esperanza por gracia de toda otra esperanza que sea engañosa, entusiasta o visionaria. Depended de ello, hay una realidad en la piedad vital, una posesión para la eternidad, que por ello mata y amortigua al hijo vivo de Dios respecto de un mundo que perece y de las cosas pasajeras del tiempo y de los sentidos. Siempre que obtenemos una visión de Cristo, hay una visión de la vida eterna en él; pues él es el Hijo eterno de Dios, y cuando se da a conocer al alma como tal, nos muestra que toda nuestra vida está en él. La obra que él consumó es para la eternidad; él vive para siempre jamás; y aquellos a quienes él ha redimido con su sangre, justificado con su justicia y santificado con su gracia, vivirán para siempre jamás en su presencia gloriosa. Es la eternidad de su amor lo que la imprime con su principal valor y bendición; pues siendo esta vida eterna, asegura no solo perpetuidad, sino inmutabilidad, la libra de todo cambio en el tiempo y de todo cambio en la eternidad, y la asegura firme y estable para todos los herederos de la promesa. Así, al echar mano de la vida eterna al echar mano de aquel que es la vida, y al brotar en su pecho los dulces movimientos de la esperanza, se abre ante sus ojos una perspectiva de gozo inmortal.

Fuente y atribución

Autor original: J. C. Philpot

Título original: July 7

Fuente original: Grace Gems

Traducido y adaptado al español por Cristo Es Todo a partir de un escrito de J. C. Philpot, publicado originalmente en Grace Gems.

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