La soledad endulzada

El peso verdadero del justo y del impío en la balanza

Hay diferencia real entre justo e impío: uno es heredero de la bienaventuranza y el otro hijo de la maldición. Pero ante los ojos carnales, la apariencia se invierte: los impíos parecen felices y los santos, miserables.

Hay una diferencia real entre el justo y el impío. El uno es heredero de la bienaventuranza; el otro, hijo de la maldición. Pero ¡oh, cuán mal representada e invertida aparece la apariencia a los ojos de los hombres carnales! Los impíos son tenidos por dichosos, y los santos por los más miserables de todos los hombres. Pero combatamos a los mundanos con sus propias armas. Los impíos caminan por el crepúsculo vespertino de una grandeza declinante hacia las tinieblas de la noche eterna. Mas los santos marchan por los crecientes rayos de la luz de la mañana hacia el esplendor perpetuo de la gloria.

Verdaderamente, los impíos parecen ahora llevar la ventaja sobre los piadosos, y su vara pesa sobre las espaldas del justo; pero serán hallados a la mano izquierda en el día en que más valen las distinciones, y sobre ellos tendrán los piadosos dominio eterno. Los unos pueden ir lamentándose y derramar su queja delante de Dios, mientras los otros pasan sus días en regocijo y se solazan al son del órgano. Pero el dolor de los unos se tornará en gozo sempiterno, mientras los cánticos de los otros culminarán en aullidos eternos.

Los grandes pesan mucho en la balanza del mundo, mientras los santos son tenidos por la basura de todas las cosas. Con todo, en la balanza del santuario, cuando ambos son pesados, el pecador será hallado falto; pero "los preciosos hijos de Sión serán comparados al oro fino".

Ahora bien, ¿me atreveré a calcular con el mundo y llamar dichosos a quienes el mundo tiene por dichosos? O, lo que es aún más atrevido, ¿me atreveré a escoger estar donde la dicha, la sagrada dicha, no se halla? Por hermosa que sea la tarde, pronto viene la negra noche; pero por nublada que esté la mañana, pronto es claro día. Así fue con el rico, que, arrastrado de su mesa lujosa y sus copas rebosantes, es sumido en el lago de fuego, y alza sus ojos en medio de las llamas devoradoras, abrasado y pidiendo una sola gota de agua que refresque su lengua ardiente. Mientras Lázaro, lleno de llagas y sin asistencia a la puerta inhospitalaria, salvo la bondad de los perros, es llevado por los ángeles lejos de todos sus pesares y sentado a banquetear ricamente en la mesa del amor eterno. ¡Seguro, pues, que mi elección será vivir en su condición humilde, morir en su condición esperanzadora y resucitar a su condición feliz!

Fuente y atribución

Autor original: James Meikle

Título original: The casting of the scales or balances

Fuente original: Grace Gems

Traducido y adaptado al español por Cristo Es Todo a partir de un escrito de James Meikle, publicado originalmente en Grace Gems.

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