Palabras diarias para los peregrinos de Sion

El poder del evangelio que mueve el peso del pecado

Si el evangelio ha venido a ti con poder, ha hecho algo en tu alma: disipó tus dudas, hizo a Cristo precioso y dio acceso al seno de Dios, pues se requiere un poder divino para levantar el peso del pecado y salvar el alma.

¿Ha venido jamás el evangelio a ti con poder? Si ha venido, ha hecho algo por ti. ¿Ha disipado entonces tus muchas dudas y temores? ¿Ha hecho alguna vez a Jesús precioso para tu alma; ha traído consigo luz, vida, libertad y amor; te ha dado acceso al seno de Dios; ha comunicado aquel espíritu de santa osadía y confianza filial mediante el cual, como un luchador victorioso, pudiste prevalecer con Dios y obtener una bendición de sus manos y de su corazón?

Pero es inútil hablar de poder cuando nada se hace. Un fabricante dice a un ingeniero: «Quiero que construyas un motor de cien caballos de fuerza.» Pero si el ingeniero construye el motor, y al probarlo resulta ser solo de noventa, y el trabajo requiere cien caballos, el motor es en gran parte inútil. Ahora bien, ¿qué le diría su empleador sino: «¡Qué error has cometido! Pedí un motor de cien caballos, y este es solo de noventa. No hará el trabajo que quiero. Llévatelo.»?

Así es en la gracia. Necesitamos un poder que pueda mover ciertos pesos: el peso del pecado, por ejemplo, de sobre una conciencia culpable; los temores mortales de la muerte y el infierno; la carga de la incredulidad; el pesado fardo de la carnalidad; muchas tentaciones grievosas que hacen al alma clamar: «Señor, estoy oprimido; emprende tú por mí.» ¡Qué pesos tan pesados hay que levantar; qué piedras enormes que rodar del sepulcro; el mundo que vencer; las concupiscencias y pasiones que crucificar; el viejo hombre de pecado que mortificar; Satanás que derrotar y poner en fuga! Pero además de todos estos pesos que remover y enemigos que vencer, está el alma que salvar, el cielo que acercar, el infierno que apartar de la vista, la ley que silenciar para siempre, la muerte a quien robar su aguijón, y al sepulcro su victoria, y un curso eterno de gloria que ganar. Oh, ¡qué obra tan poderosa ha de hacerse en nosotros y por nosotros, una obra que ningún hombre ha hecho jamás ni puede hacer por sí mismo!

Fuente y atribución

Autor original: J. C. Philpot

Título original: December 29

Fuente original: Grace Gems

Traducido y adaptado al español por Cristo Es Todo a partir de un escrito de J. C. Philpot, publicado originalmente en Grace Gems.

Comparte esta lectura